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Archivo para Marzo 2008
Cristianos no cristianos VIII. Los terapeutas.
31. Marzo 2008 por admin.
El primer historiador de la Iglesia cristiana vivió en el siglo IV de nuestra Era y se llamó Eusebio de Cesárea. En su Historia eclesiástica (libro 2 capítulo XVII), Eusebio menciona a los terapeutas y narra lo que de ellos escribió en su día un filósofo judío llamado Filón de Alejandría en su obra De la vida contemplativa o Suplicantes.
Según Filón, se trataba de una comunidad cuyos varones se llamaban terapeutas y, sus mujeres, terapeutisas, su nombre procedía de su dedicación, que consistía en sanar las almas de los que a ellos acudían. Al sentir la vocación religiosa, los terapeutas se despojaban de todo cuanto de valor tuvieran y lo entregaban a sus parientes o a los necesitados, marchando a vivir en jardines, parajes solitarios o huertos apartados, buscando siempre la soledad, como los eremitas. En sus habitáculos había siempre una pieza llamada oratorio o monasterio, donde llevaban a cabo, a solas, los misterios religiosos de una vida santa. En esa pieza no entraban alimentos ni nada necesario para el cuerpo, sino leyes, revelaciones de los profetas, himnos y todo cuanto fuera preciso para el perfeccionamiento espiritual. Escribían nuevos salmos e himnos a Dios y aprendían de evangelios escritos por santos antiguos fundadores de su secta.
Vivían una vida ascética, con grandes ansias de conocimiento, celebrando verdaderos banquetes intelectuales. La mayoría de las mujeres se mantenían vírgenes por decisión voluntaria, no por imposición como las sacerdotisas griegas, y todos vivían despreocupados de placeres temporales. Los terapeutas se habían extendido por todo el mundo porque consideraban que todo el mundo necesitaba su curación, pero donde más abundaban era en Egipto, especialmente en Alejandría. Su comunidad estaba estructurada con cargos eclesiásticos y episcopado, lo cual indujo a Eusebio de Cesárea y también al obispo de Salamina, Epifanio, a pensar que se trataba de los primeros cristianos que vivieron en Egipto. Eusebio los tomó por cristianos señalando que se les denominaba terapeutas porque aún no se había generado el nombre de cristianos (XVII, 4). Filón de Alejandría dijo de ellos que vivían la expresión más elevada del judaísmo. Otros estudiosos de nuestro tiempo están de acuerdo en que eran pitagóricos. Lo cierto es que tenían su evangelio y sus apóstoles y que la comunidad más importante residía en Alejandría. y Eusebio comenta que quizá los escritos que estudiaban «fueran los evangelios, los escritos de los apóstoles y algunos comentarios de los profetas, como los que se encuentran en la Epístola a los Hebreos y en otras cartas de Pablo» (XVII, 12).
Vestían de blanco, el color sacerdotal judío, rezaban al amanecer y al anochecer, pasando el día en ejercicio espiritual, leyendo escritos santos y buscando el sentido oculto de las palabras, componiendo cánticos a Dios y no salían de la casa durante seis días. Al séptimo día se reunían en asamblea por orden no de edad, sino de antigüedad, y jerarquía. El mayor de ellos pronunciaba un discurso sin adornos retóricos, que los demás escuchaban en silencio. Después, oraban mirando al sol. El séptimo día era para ellos sagrado, se ungían con aceite y se reunían en siete periodos de siete días, pues para ellos no solamente el siete era importante, sino también su cuadrado, porque el siete era el número de la virginidad perpetúa. Utilizaban un calendario con base cincuenta, porque el cincuenta era el número más santo y el más importante de la naturaleza. Su reunión era mística y espiritual, pues compartían doctrina y enseñanzas encaminadas al conocimiento, alcanzando, según Filón, una verdadera embriaguez de saber, de himnos y de amor a Dios. Comían solamente pan sin levadura, agua de manantial y sal sin mezcla. Se abstenían totalmente del vino y de la carne de animales. No eran cristianos ni eran judíos, al menos no compartían el culto cristiano, tal como lo entendemos, ni el culto judío. Compartían, como hemos visto, la dedicación a la contemplación y al estudio de los pitagóricos. Este es un dato importante a retener, porque no hay que olvidar que Pitágoras reunió conocimientos y doctrinas religiosas de la India, China, Egipto, Babilonia, Persia y, naturalmente, de Grecia, que fue su país. Pitágoras fundó, como dijimos, su escuela en Crotona (Italia) y predicó en Italia y Grecia, pero ya vemos como, al cabo de los siglos, nos encontramos a sus seguidores en Egipto, concretamente, en Alejandría.
A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 93 – 96.
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Cristianos no cristianos VII. Platón
25. Marzo 2008 por admin.
Pasó otro siglo y nació un nuevo iniciado. Platón, que vivió entre 427 y 347 antes de nuestra Era. Es el filósofo más antiguo del que se conservan obras escritas completas. Fue discípulo de Sócrates quien no dejó escrito alguno, aunque Platón transmitió la doctrina de su maestro en muchas de sus obras, utilizando diálogos para explicarla mejor. De él aprendió Platón la preponderancia del espíritu, algo que Sócrates puso de relieve en un mundo en el que los filósofos creían saberlo todo y solamente él tuvo conciencia de no saber nada, en un momento en el que aquellos mismos filósofos hablaban mucho y muy alto sobre la naturaleza, pero ninguno se acordaba de mencionar el espíritu. Platón no solo fue un gran filósofo y maestro, sino que proveyó al pueblo griego de nuevas leyes y nuevas creencias. Tradujo la religión egipcia al pensamiento griego, pero despojándola de antemano de todo vestigio de superstición y magia. El hombre que concibió Platón es similar al egipcio porque está formado por cuerpo y espíritu, un espíritu que contiene un elemento inmortal, que emana de Dios. Puesto que el conocimiento permite conocer la Verdad, la verdad con mayúsculas que buscan siempre los filósofos, y es Dios quien infunde esa verdad en el ser humano, la única posibili- dad de alcanzarla es liberarse de la influencia de la materia, porque el conocimiento se encuentra únicamente en el mundo de las ideas, mientras que al mundo sensible se le escapa. El hombre tiende a Dios porque tiende al conocimiento en el que se fundirá el alma después de morir. Según los egipcios, solamente se puede llegar a poseer el conocimiento librándose de la materia, es decir, después de la muerte, por tanto, la muerte es la vida verdadera. No tenemos más remedio que volver a recordar a nuestros místicos, a Santa Teresa, para quien: «aquella vida de arriba es la vida verdadera y hasta que esta vida muera no se goza estando viva». Para Platón, Dios es causa y fin de todos los seres y la moral consiste en parecerse a él. Dado que Dios es virtud, verdad y justicia, la manera de parecerse a él es practicar ls virtud, la justicia y la verdad[1].
[1] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 91 - 92.
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Cristianos no cristianos VI. Pitágoras.
24. Marzo 2008 por admin.
Casi a la vez que Buda, en 570 antes de nuestra Era, nació Pitágoras en Samos y recibió de su padre un importante patrimonio de sabiduría. Realizó largos e interesantes viajes en los que aprendió los principios de lo que luego sería su doctrina. De los fenicios extrajo el concepto de anamnesis, que es el recuerdo de vidas pasadas. De los egipcios, en cuyas escuelas mistéricas estuvo recluido veinte años, aprendió el concepto de inmortalidad del alma y probablemente el monoteísmo, pues Pitágoras creyó en un único dios. Flavio Josefo señala que aprendió el monoteísmo de los judíos, pero en la época en la que Pitágoras estuvo en Palestina los judíos estaban cautivos en Babilonia y mal pudieron influir en él. Es mucho más probable que adquiriera su idea monoteísta en Egipto, de donde ya dijimos que la extrajo el mismo pueblo hebreo. Durante su estancia en Egipto, en Tebas, asistió a representaciones de la pasión, muerte y resurrección de Osiris, pero también estuvo algún tiempo en Heliópolis, donde recordemos que se desarrolló la escuela sacerdotal monoteísta de Atón[1].
Después de varias pruebas, incluida la circuncisión, Pitágoras fue iniciado en Tebas; aprendió egipcio, según afirma Diógenes Laercio, y se asoció con los caldeos y los magos persas. De ellos aprendió astronomía -los caldeos inventaron los signos del zodíaco en esta era - y también los números. (El famoso «teorema de Pitágoras» sobre el cuadrado de la hipotenusa probablemente fue una de las enseñanzas que recibió de los sacerdotes egipcios.) Sin embargo, el rey persa Cambises invadió Egipto y Pitágoras fue enviado por él a Babilonia, donde pasó otros diez años, aproximadamente, estudiando los misterios mesopotámicos. En total, estuvo fuera de su tierra natal unos treinta y cuatro años, un período durante el cual debe de haber conocido a sabios de India o China, porque existe un fuerte elemento de misticismo oriental en su filosofía de los últimos tiempos, así como la noción de reencarnación que explicó como metempsicosis, la idea de que el alma puede pasar al cuerpo de otras criaturas, incluyendo los animales[2].
Precisamente en aquella época, Cambiases, el hijo de Ciro, tomó Egipto y Pitágoras terminó como rehén en Babilonia, que también había sido conquistada por Ciro. Pero un rehén no era un prisionero incondicional, sino que podía pagar su libertad y Pitágoras terminó por convertirse en consejero personal de Ciro. En la Babilonia persa, Pitágoras aprendió los nombres que los magos persas dieron a los planetas y que más tarde copiaron los griegos. Aprendió también el valor místico de los números y adoptó, de la religión de Zoroastro, la necesidad de perfeccionamiento moral, el bautismo y la búsqueda de la salud del cuerpo y del alma[3].
Después viajó a China ya la India, donde obtuvo el conocimiento de las doctrinas de Confucio y Buda. De Confucio extrajo enseñanzas de moral cívica y social conseguidas a través de la música. De Buda aprendió la reencarnación de las almas y la fraternidad entre los hombres. Con todo este bagaje de conocimientos que resume las doctrinas más antiguas e importantes del mundo de aquellos días, Pitágoras regresó a Grecia y fundó en Crotona una hermandad científico religiosa que vivía en comunidad, haciendo votos de castidad (no obligatoriamente) y practicando el vegetarianismo, que rechazaba el lujo y la vanidad y llevaba una vida de moderación en la sexualidad, en la comida y en la bebida. La sociedad pitagórica admitía tanto a hombres como a mujeres y todos los discípulos se sometían a un examen de conciencia ya una auto crítica en público al finalizar el curso de aprendizaje. Sus estudios y actividades abarcaron la Medicina, las Matemáticas, la Astronomía y la Música. El valor místico de los números aprendido en Babilonia y Egipto impactó especialmente a Pitágoras, que trasladó su interés a su escuela de Crotona. Allí enseñó que el número entero corresponde a la idea de Dios. Dios es un número entero y cada cosa es un número. y esa característica de los números de poderlo abarcar todo impulsó a los pitagóricos a profundizar en el estudio de la aritmética. De ahí que Pitágoras haya sido llamado el Padre de las Matemáticas. Sus exegetas proclamaron que Pitágoras caminó en más de una ocasión sobre las aguas para llegar puntual a predicar su doctrina en Samos, en Crotona y en Metaponte. Sus discípulos crearon una religión de misterios que transformó a Dionisos en dios hombre redentor, semejante a Osiris. No olvidemos que Pitágoras conoció el culto de Osiris en Tebas. Su doctrina es una síntesis de todas las que aprendió en sus viajes. Señala que el alma inmortal (Egipto) es de origen astral (Persia y Babilonia) y sufre el castigo de estar unida al cuerpo del que se libera al morir para purificarse y volverse a reencarnar, debiendo someterse a normas rituales y morales rigurosas para librarse del ciclo de la reencarnación (India)[4].
Al regresar a Samos Pitágoras descubrió que su jefe Polícrates había cambiado para peor; de hecho, su régimen había adoptado un carácter claramente represivo. Por esa razón se trasladó a Crotona, al sur de Italia. Su magnetismo personal era tan grande que congregó a gran número de discípulos, aunque también despertó envidia y enemistad hasta el punto de que incluso su hermano filósofo Heráclito profirió comentarios sarcásticos sobre él. Uno de sus enemigos levantó al pueblo de Crotona en contra de Pitágoras, algunos de cuyos seguidores perecieron masacrados. El incidente parece indicar que, en cualquier caso, aquellos adversarios llegaron a ejercer una importante influencia en la ciudad. (Édouard Schuré afirma que Citón, el hombre que provocó ellevantarniento contra Pitágoras, era un alumno rechazado.) En cuanto al final de Pitágoras, Diógenes Laercio afirma que murió en Crotona, en el interior de una casa a la que la multitud había prendido fuego. Porfirio, por el contrario, sostiene que escapó y se di- rigió a Metaponte, donde murió a los noventa años de edad[5].
Durante sus treinta años de permanencia en Crotona, Pitágoras se Convirtió en una de las grandes influencias intelectuales del mundo mediterrá- neo, que trasladó el misticismo oriental a Occidente. La suya fue una escuela para místicoS, Con rituales iniciáticos prolongados y difíciles. Pitágoras fue filósofo más que mago; de hecho, fue él quien inventó el término «filósofo». Pero su filosofía de alto contenido místico fue una de las mayores influencias en la historia de la magia. Dicho esto, debemos admitir que su ideología fue más sorprendente y original que profunda. Aparentemente, le sorprendió descubrir la relación que existe entre las cuatro notas principales de la escala musical griega y la distancia que las separa, cuantificada sobre la cuerda de la lira. Una deliciosa leyenda cuenta que en una ocasión en que Pitágoras pasaba frente a una herrería cuatro herreros golpeaban yunques de diferentes tamaños, produciendo cuatro notas distintas. Pitágoras, curioso, hizo pesar los yunques y descubrió que sus pesos mantenían la proporción 6,8,9 y 12. Luego extendió cuatro cuerdas desde el techo y colgó los yunques, o cuatro pesos que tuvieran la misma proporción, y comprobó que también las cuerdas emitían las mismas notas al ser pulsadas[6].
A partir de este descubrimiento Pitágoras construyó una completa filosofía mística de los números, o al menos eso cuenta la historia. En la cuerda de la lira la distancia entre las notas era 3, 4 y 6, y las notas podían ser ejecutadas en las proporciones 1:2 (octava); 3:2 (quinta) y 4:3 (cuarta). Los cuatro números (1,2,3 y 4) suman 10, un número sagrado. Este descubrimiento suena absurdamente simple para nuestros sofisticados oídos; pero debemos recordar que pocas personas en aquellos días sabían contar hasta más de diez, y que el arte de la multiplicación era aún desconocido, incluso para los egipcios. A Pitágoras le pareció una revelación que aquellas cuatro notas -que, ejecutadas al unísono, sonaban tan armoniosas- pudieran ser explicadas en términos numéricos y su mente saltó hasta la sorprendente hipótesis de que quizá la armonía de la creación se debía a secretos numéricos de ese mismo tipo. La creación comienza con la «divina unidad pura», el número uno; posteriormente se convierte en los «cuatro sagrados», y los cuatro primeros dígitos suman diez, el número sagrado del que parte todo lo demás. Del mismo modo, es posible formar un triángulo de puntos marcando cuatro en la línea de base, tres en la siguiente, dos en la penúltima y uno en el vértice. (Aparentemente, los griegos registraban los números mediante el primitivo método de los puntos.) Para los seguidores de Pitágoras este hecho demostraba que el triángulo era también un símbolo místico. Si trazamos varias de estas figuras ya cada una le agregamos una fila más de puntos notaremos que cualquiera de ellos, sumado al inmediatamente anterior, forma la potencia al «cuadrado». Es decir, que un triángulo compuesto por tres puntos, sumado a otro de seis, suma nueve puntos, que es tres veces tres. Esta teoría suena a juego aritmético inofensivo, pero recordemos que no- sotros cargamos con siglos de ciencia en nuestro haber[7].
[1] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 89.
[2] C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 218.
[3] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 89.
[4] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 90.
[5] C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 218 – 219.
[6] C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 219.
[7] Ibidem, pág. 219 – 220.
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Cristianos no cristianos. Confucio.
19. Marzo 2008 por admin.
Confucio fue el moralista chino más conocido de la Antigüedad. Nació en 551 antes de nuestra Era y cuenta la leyenda que, tras darle a luz, su madre escuchó una voz celestial que le aseguraba que sus súplicas habían sido escuchadas por los dioses y que el hijo que acababa de nacer sería santo. Leyendas aparte, Confucio fue un maestro que creó su propia escuela. Una escuela encaminada a formar un nuevo orden social en que el estudio fuera aparejado a la práctica de la virtud, de manera que China llegase un día a ser gobernada por hombres virtuosos, sus discípulos, príncipes capaces de ofrecer a sus súbditos un ejemplo de honestidad y de bien hacer[1].
Mencio, nombre latinizado de Meng-tsé, vivió un siglo después de Confucio, siendo discípulo de un nieto de éste, fue de familia humilde, con su tesón y trabajo llegó a ser maestro y alcanzó cargos públicos. Propagó las ideas de Confucio tan activamente que se le considera equivalente a Pablo en el cristianismo[2]
El confucianismo no tiene dogmas, cree que el universo es uno en el que la sociedad y el hombre no son más que una parte. Es una doctrina animista con residuos del totemismo y de prácticas chamánicas, unida a la creencia de que el emperador, el “Hijo del Cielo”, es el intermediario entre el cielo y los hombres. El objetivo final es el Amor Universal entre todos los hombres por medio del perfeccionamiento de uno mismo. Para Confucio y Mencio, el hombre debe de estar en armonía con el Cosmos, para lo que es necesario conocerse a sí mismo mediante el estudio y la introspección. De esta forma se desarrolla el Li, un concepto que incluye los ritos y las ceremonias, lo que es de suma importancia para los chinos. Con el Li se desarrolla el Ren, que es la benevolencia, acompañada por la lealtad y la compasión o piedad. El que posee el Ren practicará la justicia, la generosidad y los buenos principios, es lo que se llama un Junzi, es decir, un hombre superior moderado en todo, hasta en lo bueno. La mayoría son Xiaorén, o sea hombres vulgares, “hombrecitos”[3].
[1] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 88.
[2] F. DE ORBANEJA, Historia impía de las religiones, Madrid 2003, pág. 160.
[3] Ibidem.
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Cristianos no cristianos IV. Buda.
18. Marzo 2008 por admin.
Un siglo después de Zoroastro, en 563 antes de nuestra Era, nació en la India Siddharta Gautama. De familia principesca, renunció al mundo ya su pompa después de una infancia dorada, para dedicarse a la meditación ya la vida ascética en busca de la respuesta a su pregunta: ¿cuál es el significado del sufrimiento? Al cabo de seis años de privaciones místicas en las que llegó a alimentarse con un solo grano de arroz al día, abandonó el asce- tismo, porque comprendió que es una actitud extremista que a menudo conduce a una sobrevaloración de uno mismo que puede ocasionar la pérdida de la virtud[1].
Se podría definir el budismo como una religión tolerante, atea o más bien no teísta. Su origen no se conoce con exactitud, se sitúa a mediados del siglo VI a.E.C. Su fundador no fue ni encarnación divina ni enviado de dios, sino un hombre, realmente extraordinario, que expuso una disciplina mental y una enseñanza fruto del desarrollo de su capacidad interior. Buda quiere decir “iluminado” o “despierto”aEs difícil separar en su biografía la realidad de la leyenda, incluso existían dudas sobre su existencia, como ha ocurrido con todos los fundadores de religiones que no han dejado nada escrito, pero hoy se puede asegurar que nació cerca de Benarés y se ha encontrado la urna en que estuvieron sus cenizas[2].
Mientras meditaba sentado bajo una higuera, hubo de rechazar las tentaciones del demonio Mara, pero finalmente comprendió la Verdad y recibió la Iluminación, que es el significado de su nombre, Ruda. La virtud está en el medio, no en los extremos y el camino que conduce a la Verdad es el de la pureza en la fe, en la palabra, en los actos y en la voluntad. El dolor que acompaña a toda la vida humana es producto del deseo del hombre que se aferra a la vida y está sujeto al ciclo de la reencarnación, viviendo vida tras vida para lograr purificarse. Pero es posible ser puro liberándose del ciclo, eliminando el deseo de la vida que encadena al hombre a la existencia[3].
Entre los discípulos de algunos insignes gurús himaláyicos y aun entre gentes profanas, persiste una extraña tradición, que mejor pudiera calificarse de leyenda, según la cual Gautama, el príncipe de Kapilavastu, continua en las regiones terrestres, no obstante la muerte e incineración de su cuerpo físico y las reliquias que de él se conservan. Los .budistas chinos y arios por tradición, y los lamas del Tibet por el texto de sus libros sagrados, afirman que Buda tenía dos doctrinas : una para el vulgo y sus discípulos legos, y otra para sus “elegidos” o arhates. Según parece, la norma de conducta del Maestro, continuada por los arhates, fué no prohibir a nadie el ingreso en las filas del arhatado: pero no revelar los misterios finales sino a quienes, tras ,muchos años de prueba, se mostraran dignos de la iniciación, sin que para ello fuese obstáculo alguno la diferencia de raza, casta o posición social, como sucedió en el caso de su sucesor occidental. Los arhates divulgaron esta tradición relativa a Ruda hasta arraigar en la mente del pueblo; y en ella se basa, asimismo, el posterior dogma lamaísta de la reencarnación de los Budas humanos[4].
[1] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 86.
[2] F. DE ORBANEJA, Historia impía de las religiones, Madrid 2003, pág. 142.
[3] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 86.
[4] H. P. BLAVATSKY, La doctrina secreta, Tomo VI, Málaga 2000, pág. 1 –2.
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Cristianos no cristianos III. Zoroastro.
17. Marzo 2008 por admin.
ZOROASTRO[1]. LA PUREZA.
El hombre debe desarrollar la conciencia positiva. Ha alcanzado su posición actual en la escala evolutiva a través de su capacidad para transformar su mente en un microscopio y concentrarse en las cosas pequeñas, pero se ha convertido en víctima de lo pequeño y lo negativo. La historia humana es la historia de las reacciones infantiles, de las peleas tontas por motivos insignificantes. Al igual que el ama de casa de Under Milk Wood, quien sentencia: «Antes de permitir que entre el sol, por favor, límpiale los zapatos», nos hemos vuelto esclavos de nuestra sorprendente capacidad para el detalle. Una mujer como ésta obviamente no disfruta de estar viva: se encuentra atrapada en su propia negatividad. y así estamos todos. Wilson conoce sólo una religión que se basa en este reconocimiento: el zoroastrismo, la fe de los antiguos persas. Las escrituras persas, llamadas Gathas, afirman que el Ser Supremo, Ahura Mazda, creó dos gemelos que producen la realidad y la irrealidad. Realidad e irrealidad constituyen los elementos esenciales a partir de los cuales se crea el mundo. Pero no son positiva y negativa, respectivamente, sino ambas igualmente positivas. Sólo mucho después se transformaron en el Bien yel Mal. (Más tarde se produjo una segunda degeneración cuando Ahura Mazda, la primera causa, fue identificado con el Bien, y su enemigo Ahriman con el Mal.) Porque la realidad es el significado -ahí fuera- y la irrealidad es la subjetividad humana, nuestra tendencia a quedar atrapados en los valores que nosotros mismos elegimos. y precisamente de esta misma subjetividad obtenemos la energía para actuar, trabajar, concentrarnos y evolucionar, así que no podemos considerarla negativa o mala. Se vuelve negativa a través de la estupidez y la tendencia al fracaso, tan típicas del humano[2].
Zoroastro nació en el año 660 antes de nuestra Era, en una ciudad llamada Meda que hoy se situaría en Azerbaiján, pero que entonces pertenecía al vasto Imperio persa. Cuentan sus exegetas que nació riendo y que realizó numerosos milagros a lo largo de su vida. Permaneció siete años meditando en una cueva[3].
De Zarathustra, conocido también como Zoroastro su forma griega, no se sabe nada cierto, según parece vivió hacia el año
Meditando, pues, en la cueva, Zoroastro recibió la visita de Ahura Mazda rodeado de un coro de arcángeles, quien le dio a conocer algunos ritos sagrados y le enseñó una nueva doctrina de amor y piedad para los pobres y los desvalidos, tanto personas como animales. El más importante de los ritos que aprendió fue la elaboración del soma, el licor cuyos efectos místicos leemos en los Veda hindúes, que induce el éxtasis preciso para alcanzar el nivel adecuado de espiritualidad. Cuando cumplió los treinta años, Zoroastro comenzó a predicar la nueva doctrina, lo que le llevó a numerosos enfrentamientos con los malignos, hasta que al cabo de dos años consiguió convertir al rey de Bactriana, Histaspa, lo que le procuró un número muy elevado de seguidores tanto en Persia como en los países del entorno. Pero la doctrina de amor de Zoroastro no excluyó la guerra santa, por lo que murió en una de ellas, ya a los sesenta y siete años de edad. Su doctrina quedó recogida en el Avesta, que describe la oposición de las dos fuerzas en el cosmos, el bien, Ahura Mazda u Ormuz, y el mal, Arimán. Para alinearse junto a las fuerzas del bien y conseguir su ayuda, es imprescindible mantener la pureza hasta el día del fin del mundo, en que se producirá el Incendio Apocalíptico Universal que destruirá toda la impureza y toda la maldad y entonces se podrá adorar a Ahuma Mazda sin la inmiscusión ni las tentaciones de Arimán. La iniciación a la doctrina de Zoroastro se llevaba a cabo mediante el bautismo por inmersión en el río Eúfrates, que liberaba al cuerpo de la enfermedad y al alma del pecado. El final del justo, tras una vida de perfeccionamiento moral, le daba acceso al mundo celestial tras el último rito: la extremaunción[5].
Se puede considerar el mazdeísmo como la religión étnica persa y el zoroastrismo como la doctrina esotérica particular. Para Zoroastro nada agrada tanto al dios sabio y bienhechor como ver que “además de un lugar donde se le rinde culto, hubiese otro donde el hombre justo se hubiese construido una casa, donde no faltase el fuego y estuviese bien provisto de mujer, de hijos, de ganado, de campos bien cultivados y de cuanto sea necesario para una vida laboriosa y honrada” (Avesta). Sin duda el sentido práctico primaba sobre otras ideas. En el mazdeísmo se consideraban puros y sagrados el fuego, la tierra y el agua, por lo tanto en el Infierno no podía haber fuego. El hombre perfecto, como Zoroastro, transforma de tal manera su vida que influye en la creación del mundo material. Los intermediarios entre los hombres y los dioses son los siete Anesha Spentas, o “Inmortales benéficos”, que son: Buen pensamiento, Verdad perfecta, Señorío deseable, Devoción bienhechora, Plenitud e Inmortalidad[6].
Las normas básicas eran: mantener el fuego sagrado, venerar a los muertos, decir la verdad, no cometer adulterio ni violaciones ni actos contra natura, no tocar objetos impuros especialmente cadáveres, ejercer la caridad y la hospitalidad, labrar la tierra, no talar árboles y cuidar de los animales útiles. Curiosamente condenan el adulterio pero alaban el incesto, al extremo de que era posible casarse con la propia madre. Por otra parte, tenían varias mujeres y muchas concubinas, se conoce que esto no se consideraba adulterio. Celebraban el Año Nuevo, los equinoccios y el día de los muertos. La enseñanza moral práctica se desarrollaba de la siguiente forma: de los cinco a los veinte años enseñaban a sus hijos tres cosas fundamentales: montar a caballo, tirar con el arco y decir la verdad. Para saludarse, si era entre personas de la misma clase se besaban en la boca; si eran de clases distintas en la mejilla, y si una de las clases era muy inferior el de ésta doblaba la rodilla ante el de clase superior. Los fieles debían recitar diariamente un versículo del Avesta. El matrimonio era un deber. La virtud de un hombre consistía, primero en su valor en la guerra y luego en el número de hijos que tenía. Cuando alguien estaba agonizando traían un perro, con el fin de detener un rato al demonio, que se llevaba el cuerpo del difunto. Siendo impuro el cadáver, por su contacto con el demonio, no podía incinerarse, ni enterrarle, ni echarle al mar o a un río, por lo que se llevaban los cadáveres a las “Torres del Silencio”, para que fueran devorados por los buitres[7].
[1] Ver, F. DE ORBANEJA, Historia impía de las religiones, Madrid 2003, pág. 87 ss.
[2] C. WILSON, Lo Oculto, Madrid 2006, pág. 209.
[3] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 85.
[4] F. DE ORBANEJA, Historia impía de las religiones, Madrid 2003, pág. 89 – 90.
[5] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 86 – 87.
[6] F. DE ORBANEJA, Historia impía de las religiones, Madrid 2003, pág. 90.
[7] F. DE ORBANEJA, Historia impía de las religiones, Madrid 2003, pág. 91.
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Cristianos no cristianos II. EL VISIR SABIO. PTAH HOTEP.
14. Marzo 2008 por admin.
Por un documento de la V dinastía, supimos que el rey Dyed-kare Izezi, que gobernó entre 2388 y 2356 antes de nuestra Era, había consentido en reemplazar a su anciano y agotado visir, Ptah Hotep, por el hijo de este, joven y fuerte, con la condición de que el padre le instruyera previamente. Es un tratado de moral que no solamente contiene las reglas para ser honesto, sino que constituye la expresión de una experiencia humana válida para todos los hombres de todos los tiempos. Las obras de misericordia que se han encontrado en numero- sas tumbas y mastabas del Imperio Antiguo aconsejaban dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo y enterrar a los muertos, pero la moral de Ptah Hotep no solamente habla de compasión, sino de verdadera sabiduría, porque muchos siglos antes de que Sócrates acusara a los sofistas de creerse sabios por saber algo, Ptah Hotep enseñaba que no hay que enorgullecerse de saber, sino que hay que aprender tanto del sabio como del ignorante, porque nadie sabe todo lo necesario. Las enseñanzas del Visir Sabio no atacan al rico a favor del pobre, porque esa es una postura fácil de sostener de palabra y difícil de llevar a cabo en la práctica, sino que arbitran un acuerdo entre ambas clases sociales: el pobre no debe envidiar la fortuna del rico y, a cambio, este debe ayudarle, porque la riqueza es un don de Dios. Además, derriban el muro que separa a los pobres de los ricos, porque señalan que: «el pequeño puede transformarse en grande». He aquí un principio de igualdad y de derechos humanos que el mundo occidental perdió y no recuperó hasta el Renacimiento. Ptah Hotep enseña a no emplear la violencia ni sembrar el temor entre los hombres, porque Dios pagará al violento con su misma moneda y le desposeerá de las ganancias obtenidas por la fuerza. Inculca el respeto a los padres, el amor a los hermanos y la generosidad en los repartos. Enseña a amar sin reservas a la esposa, pero también a evitar dejarse dominar por ella, porque la felicidad del hogar se basa en la concordia y esta solamente se logra mediante la pureza de costumbres del marido. El Visir Sabio habla asimismo de cortesía, que forma parte de la moral del hombre honesto: «Si tu interlocutor deja traslucir su ignorancia y te da ocasión de avergonzarle, trátale con delicadeza». La base de la honestidad es la moderación, el autodominio y el respeto al orden establecido:«Si eres poderoso, manda solo para dirigir. No emplees el dogmatismo, que es malo. Si tienes el corazón ardiente, atempera tu vivacidad, porque cualquier exceso de humor es una enfermedad molesta que genera discordia y encizaña las relaciones humanas». Y una máxima muy aplicable a nuestro mundo actual: «El que se apresura todo el día no goza un instante, pero el que se divierte todo el día no conserva su fortuna».
A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 83 – 85.
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Cristianos no cristianos I. El primer maestro de la sabiduría.
12. Marzo 2008 por admin.
Lagash fue un estado situado en la zona sur de lo que un día fuera Sumer, donde gobernó una dinastía de reyes que lo convir- tieron en el centro político y militar del país durante el tercer milenio antes de nuestra Era. Pero como ya dijimos que toda nación tiene su final;.la estrella de Lagash se apagó durante el reinado de Urukagina, el octavo rey de aquella dinastía. Hacia 2360 antes de nuestra Era, Urukagina sufrió una derrota militar que terminó con su poder y con el del estado que gobernó con verdadera sabiduría, después de liberarlo del poder del partido clerical que lo había oprimido durante mucho tiempo, porque ya en el tiempo de la primera civilización surgida en la tierra, la de Sumer, los sacerdotes habían conseguido un poder prácticamente ilimitado al que nadie ponía veto, hasta que se formó un partido legitimista anticlerical que elevó a Urukagina al trono de Lagash. Los documentos de Nippur aseguran que: «liberó a las gentes de Lagash de la sequía, del robo y del asesinato, introdujo la libertad y estableció que el poderoso no debía de abusar del pobre, de las viudas ni de los huérfanos» porque Urukagina suprimió derechos, cortó de raíz el exceso de ganancias y puso fin a la arbitrariedad, a la injusticia ya la explotación, es decir, llevó a cabo la primera reforma social de la Historia[1].
[1] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 81 – 83.
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Una historia demasiado concurrente. Los orígenes de Jesús IV.
10. Marzo 2008 por admin.
Juan, o alguien que le contó el relato, hizo un pequeño cambio en un dato histórico a fin de poner de relieve una idea teológica. Para Juan, Jesús realmente era el Cordero de Dios. Murió en el mismo momento (en la tarde del día de la Preparación), en el mismo lugar (Jerusalén) ya manos de las mismas personas (los jefes judíos, especialmente los sacerdotes) que los corderos pascuales. En otras palabras, Juan ha contado un relato que no es históricamente riguroso, pero es, a su juicio, teológicamente verdadero[1].
Estos relatos nunca fueron compuestos con el objetivo de enseñar hechos interesantes sobre el siglo I. Su finalidad era enseñar cosas sobre Jesús. Para Juan, él es el Cordero de Dios (por ello cambia el día y el momento de su muerte); para Mateo y Lucas, es el Hijo de Dios (por eso narran el nacimiento virginal) y el Salvador/Mesías (por eso narran el nacimiento en Belén). Para los lectores cristianos que están de acuerdo con estos enunciados teológicos, los hechos históricos sobre el nacimiento y la muerte de Jesús probablemente sean mucho menos importantes que saber quién es él realmente[2].
No vayamos a pensar que Tolomeo proclamó la religión de Serapis por capricho o por propia inventiva. En realidad, Serapis era la unión de Osiris y Apis, dos dioses egipcios que en aquella época ya incorporaban los aspectos del dios griego Dionisos, por lo que se le llamó Redentor hijo de la Trinidad egipcia[3]. y fue el mismo Serapis quien se apareció a Tolomeo en sueños para revelarle su voluntad de convertirse en el dios oficial del Egipto helenístico y que habría de erigírsele un templo en Alejandría, el Serapeum, donde se le rendiría el culto debido. Serapis, por tanto, nació de madre virgen en el solsticio de invierno, muriendo en el equinoccio de primavera para resucitar al tercer día. El día del solsticio de invierno, que es el día más corto del año, Serapis acababa de nacer y se exponía su imagen de niño a la adoración y fervor populares, para lo cual, sacaban la estatua del santuario y la llevaban en procesión. No se libró Serapis de la amenaza de muerte, lo que obligó a su madre, la virgen Isis, a huir con el niño, montada sobre un asno. Ya adulto, Serapis se convirtió en un hombre bien parecido con barba y cabello rizados. Primero aparecieron las grandes figuras femeninas, la diosa madre, la Innana sumeria, hasta que el matriarcado fue dejando paso al patriarcado. Las deidades masculinas empezaron siendo hijos de las diosas (como Osiris) hasta que se convirtieron en dioses adultos, poderosos y patriarcales (como Zeus). Pero como eran muchos, tuvieron que limitarse los unos a los otros y terminaron por someterse a un dios superior, al que se adoró como padre de los dioses, como Zeus entre los griegos, Marduk entre los babilonios o Júpiter entre los romanos[4].
Pero llegó un momento en el que los hijos se unieron contra el padre. Estaban hartos de tolerar un destino tan duro que les obligaba a disputar las hembras de otras tribus, porque las de la suya propia pertenecían, absolutamente todas, al patriarca, al padre poderoso. El único hijo que tenía un futuro en la tribu era el menor, quien, amparado por el amor de la madre, aguardaba la muerte del padre para ocupar su lugar a la cabeza de la tribu. Hasta que los hermanos mayores decidieron modificar el tipo de organización social que les había tocado vivir y recurrieron al canibalismo para matar al padre y devorar su cadáver, consiguiendo arrogarse la autoridad paterna a través del banquete totémico de la comunión. La comunión empezó siendo una conmemoración de aquel banquete totémico. Los hijos, liberados de la tiranía paterna, devoraban el cuerpo del padre muerto para asumir sus facultades y privilegios. Pero la comunión no suponía comer el cadáver del padre, sino venerarle para introyectar, junto con su cuerpo, sus virtudes. En la religión mitraica, que primero fue hindú, luego persa y finalmente fue adoptada por Roma como religión oficial, Mitra, que originalmente fue el ministro principal del dios Ormuz, venció al toro que simbolizaba la vida, le arrastró a una cueva y allí le degolló para beber su sangre, porque de su sangre surgió la vida y de su carne se originaron todos los animales y todas las plantas. Por eso, Mitra se convirtió en creador del universo y, al mismo tiempo, en mediador entre Ormuz y el ser humano. Un mediador, un demiurgo era lo que necesitaba la Humanidad para entenderse con el dios todopoderoso, para que fuera su abogado a la hora de rendir cuentas ya la hora de suplicar. Por eso, los ritos de la iniciación en los misterios de Mitra incluían bautizar al neófito, pero bautizarle con sangre de un toro sacrificado en un lugar más elevado, de donde la sangre manaba para bañar al iniciado. La iniciación comenzaba, pues, con el bautismo y terminaba con la comunión en la que se consumía la carne del toro con agua, pan y vino. El pan y el vino se consagraban previamente con una fórmula mística que los convertiría en cuerpo y sangre del dios. Los Textos de las Pirámides señalan que Osiris ofrece su cuerpo como pan de vida y su sangre como vino: «Tú eres el padre y la madre de los hombres que viven de tu soplo, comen la carne de tu cuerpo y beben tu sangre. El que come tu carne y bebe tu sangre vivirá eternamente»[5].
En este ambiente, la iglesia emergente tras su muerte se esforzó en distraer la atención de los feligreses no fuera a ser que advirtieran de dónde venían aquellas ideas del predicador de Galilea. Había que acicalar su figura y asolar los viejos templos, no fuera a atar cabos el personal y viera en aquel viaje a Egipto de la familia del Nazareno la raíz de su formación filosófica, religiosa, mágica y terapéutica[6].
[1] B. D. EHRMAN, Jesús, el profeta judío apocalíptico, Barcelona 2001, pág. 54.
[2] Ibidem., pág. 59.
[3] Ver, M. F. URRESTI, La vida secreta de Jesús de Nazaret, Madrid 2005, pág. 23 – 25.
[4] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 74 – 76.
[5] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 76 – 78.
[6] M. F. URRESTI, La vida secreta de Jesús de Nazaret, Madrid 2005, pág. 28.
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Una historia demasiado concurrente. Los orígenes de Jesús III.
3. Marzo 2008 por admin.
Para el cristianismo, la Navidad celebra el nacimiento de Jesús. Sin embargo, esta fecha aniversaria fue situada en diversos momentos del año antes de que se la fijara el 25 de diciembre. En diferentes épocas y según las diversas religiones cristianas, la Navidad se fijó el6 de enero, el 25 de marzo, ello de abril o el 29 de mayo. La conmemoración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre fue el resultado de ciertas obligaciones a la vez estacionales y mitológicas impuestas por las creencias paganas anteriores al cristianismo. La historia del sol es la historia de Jesucristo. El sol nace el 25 de diciembre, el cumpleaños de Jesucristo. El primero y más grande de los trabajos de Jesucristo es su victoria sobre la serpiente, el príncipe del mal, o el diablo. En su primer trabajo Hércules estranguló a la serpiente, igual que Krishna, Baco, etc. Esto es el sol triunfando sobre los poderes del infierno y la oscuridad; y, cuando crece, prevalece, hasta que es crucificado en los cielos, o es atravesado en forma de cruz (según Justino Mártir) cuando pasa el ecuador en el equinoccio vernal. En Malaquías 4, 2, YHWH dice: «Pero para aquellos que teméis mi nombre el sol de la justicia se elevará con alas curativas». ¿Quién es este sol de la justicia con la curación en sus alas? Malaquías es el último libro del Antiguo Testamento y esta cita es una de las últimas del libro, que conduce directamente a la historia de Jesús que, de hecho, era llamado el «sol de la justicia» por los padres de la iglesia. El sol de la justicia de Malaquías que se eleva con alas curativas es, en realidad, la luz salvadora que acaba con la penumbra de la noche, la resurrección diaria del amanecer, yel nacimiento del sol de una nueva era, que se carnalizó e historizó en Jesucristo . En un sentido un poco más moderno, podemos entrar en el mito solar del diós salvador, siendo el día señalado el 25 de diciembre, día del solsticio de invierno. En el calendario romano, el solsticio era el 25 de diciembre, fecha en la que Aureliano (en el año 274 antes de nuestra Era) estableció el día del nacimiento del Sol, que se celebraba en Roma durante las fiestas llamadas Saturnales. Al reformar el calendario, se trasladó al 21 de diciembre que es cuando actualmente celebramos la llegada del lnvierno. El equinoccio de primavera tiene lugar, también según el país, hacia el 25 de marzo, es decir, nueve meses antes del solsticio de invierno. Los mismos nueve meses que dura el desarrollo de un feto en el seno materno. Ese día se celebra la anunciación del nacimiento sagrado, la fiesta de la anunciación de la vitalidad de la tierra, la Pascua, el renacimiento agrícola. Los cristianos celebran la Anunciación del arcángel Gabriel a María y la encarnación de Jesús en su seno.
De esta forma, el nacimiento de Jesús se hizo coincidir con el nacimiento del nuevo Sol, teniendo todos los atributos propios de los viejos dioses solares . El solsticio de invierno que en el mundo romano era el 25 de diciembre, el sol renace cuando parece que va a morir. En el equinocio de primavera, nueve meses ántes, la vida se renueva, la vitalidad se desborda y la fertilidad alcanza su punto más alto. Vamos, todo lo que quiere reflejar la Iglesia en sus ciclos de fiestas. Adonis, el más antiguo de los cultos mediterráneos, por ejemplo, moría en la estación seca para renacer con las lluvias. Empezó siendo un mito vegetal, un culto de la naturaleza, para convertirse en una religión que adoraba a un dios con aspecto humano, del que probablemente se originaron, como hemos dicho, los restantes dioses redentores mediterráneos, la mayoría de los cuales nacía en el solsticio de invierno, hacia el 25 de diciembre según el lugar, y moría en Pascua para resucitar al tercer día, cumpliendo con el valor numerológico como dijimos en el caso de Innana.
En la escena de la anunciación, el dios Yath saluda a la virgen y le anuncia la llegada de un hijo, un hijo que ella no espera, pues no ha conocido varón. Pero eso se soluciona en la escena de la concepción, en la que el dios Knept obra el prodigio y la virgen queda encinta. En la escena de la adoración tres dioses adoran al dios niño recién nacido. Y, en los frescos de Pompeya, la virgen Isis, montada en un borrico, lleva en sus brazos al niño Horus huyendo de Egipto ante la amenaza mortaI. Los griegos identificaron a Osiris con Dionisos, el dios encarnado, el salvador, hijo de Dios, nacido de una mujer mortal, una virgen, un 25 de diciembre en una cueva humilde donde le adoraron los pastores. Osiris Dionisos ofrecía a sus seguidores el renacimiento a la vida eterna mediante la inmersión ritual en agua. En su vida terrena convirtió el agua en vino durante una ceremonia nupcial, no olvidemos que el Dionisos griego fue el Baco romano dios del vino. Entró triunfal en la ciudad montado en un asno, mientras la gente agitaba palmas. Murió en Pascua (en primavera) por los pecados del mundo, descendió a los infiernos y resucitó al tercer día para ascender glorioso a su morada celestial, de donde habría de descender al final de los tiempos para juzgar a los hombres buenos y malos. Dionisos, como Baco y, en algunos cultos, Orfeo, fue crucificado por los pecadores, pero no en una cruz de dolor, sino en una cruz de salvación, porque la cruz es símbolo y tótem de muchos pueblos. Su muerte y resurrección se celebraban con un ágape ritual con pan y vino que simbolizaban su carne y su sangre. También Prometeo fue crucificado en el Cáucaso, según Luciano, «por haber amado demasiado a los hombres». Prometeo se atrevió, nada menos, que a robar el fuego a los dioses para entregarlo a los hombres. Y el fuego es la vida, la vida eterna, la que los dioses redentores recuperan para quienes ponen en ellos su fe .
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