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Archivo para Mayo 2008
El primer cristo III.
22. Mayo 2008 por admin.
Jesús, de naturaleza divina, era el Cristo, el «ungido» de la estirpe de David, al tiempo que único y verdadero sacerdote. Nunca renunció a sus normas de cumplimiento; los evangelistas tienen buen cuidado en recordar una y otra cosa. Los prosélitos, hermanos en la fe, que al principio eran exclusivamente hebreos, constituían el verdadero y definitivo Israel, dirigiéndose especialmente a los «pobres de Yahvé» y no a las clases superiores. Con el cumplimiento de la Promesa había llegado la «Plenitud de los tiempos» anunciada ya por lsaías, y así se define en el famoso episodio de la sinagoga de Nazareth (Lc. 4, 14-28)[1].
Fuera permanecía la comunidad babilónica, que progresaba intelectualmente. Las vías de comunicación creadas por el tráfico mercantil, las sinagogas, que alimentaban la educación judía, y el propio helenismo, que proporcionaba un instrumento idóneo para expresar las verdades de la fe, fueron elementos esenciales para la expansión del cristianismo[2].
Desde una fecha que podemos situar en el año 48, rompiendo algunas vacilaciones que se habían producido, los jefes de aquella primera comunidad cristiana decidieron que ésta tenía un carácter estrictamente religioso de modo que no era necesario adoptar el judaísmo para ser cristiano[3].
Pinchas Lapide dice que «es verdadetanente sorprendente que el hijo más famoso de Israel, aquel a quien Occidente ha convertido en su Dios, haya dejado en los anales religiosos del judaísmo escasas, oscuras y, a menudo, negativas huellas»[4].
Una figura histórica con tal entidad, que ha creado una religión, resulta que, cuando acudes a las fuentes históricas inmediatas resulta que desaparace de forma radical, ninguno de los grandes historiadores menciona ninguno de sus milagros ni su cricificción ni su entrada triunfante en Jerusalén.
Esto si que empieza a ser complicado. Lo que no puede admitirse es que una figura histórica de esa categoría no tenga referencias históricas. Es como si nunca hubiera existido, o, mejor, que comenzó a existir en una época determinada, cuando los literalistas decidieron crear una nueva religión basada en ciertas doctrinas existentes en la época concreta, puesto que fueron los que crearon los estamentos religiosos los que crearon la porpia historia de Jesús, lo que nos hace dudar sobre su verdadera existencia real.
Algunos textos judíos recogen una leyenda a cerca de Jesús ben Pandera/Pantera[5], que se referiría al mismo Jesús, que se consideraría hijo de un centurión romano llamado Pantera, con lo que la historia virginal de su nacimiento se pierde, convirtiendo al Hijo de Dios en un bastardo. El dato que más enjundia puede tener es la acusación de mamzer, noticia que ya conoce Orígenes: Contra Celso 1,32: «Retomemos la historia del judío, en la que se cuenta cómo la madre de Jesús fue echada [de casa] por el carpintero que la desposó, despreciada por su adulterio, embarazada de un soldado de nombre Pantera».No obstante, se ha llegado a pretender que el nombre de Ben Pantera es una deformación de Ben Parthenos, hijo de Virgen (Klausner y Lauterbach), aunque es muy dudoso que sea así, pues la fuente es clara, yla historia también[6].
Este planteamiento se repite en el Talmud, aunque podemos considerar esta fuente un poco partidista y menos rigurosa, puesto que ellos están determinando que Jesús no sería su Mesías prometido por Dios.
[1] F. SUÁREZ BILBAO, De Jerusalén a Roma. La historia del judaísmo al cristianismo (de
[2] F. SUÁREZ BILBAO, De Jerusalén a Roma. La historia del judaísmo al cristianismo (de
[3] F. SUÁREZ BILBAO, De Jerusalén a Roma. La historia del judaísmo al cristianismo (de
[4] M. PÉREZ FERNÁNDEZ, “Jesús de Galilea”, en M. SOTOMAYOR y J. FERNÁNDEZ UBIÑA (Coord.), Historia del Cristianismo I. El Mundo Antiguo, Granada 2003, pág. 93.
[5] Vid., M. F. URRESTI, La vida secreta de Jesús de Nazaret, Madrid 2005, pág. 203.
[6] Cfr., M. PÉREZ FERNÁNDEZ, “Jesús de Galilea”, en M. SOTOMAYOR y J. FERNÁNDEZ UBIÑA (Coord.), Historia del Cristianismo I. El Mundo Antiguo, Granada 2003, pág. 93 – 94.
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El primer Cristo II.
13. Mayo 2008 por admin.
Jesús es un nombre que procede de Yeshua en arameo, de Iesous en griego, y de Yehoshua o Josué en hebreo. Jesús es el personaje de la historia sobre el que más se ha escrito y comentado; sin embargo resulta imposible reconstruir históricamente su vida y sus enseñanzas, no existe documento alguno en el que conste de forma fehaciente su existencia. Los autores de la época no le mencionan, sólo aparece en escritos del siglo II, cuando el mito de Jesús estaba en marcha; esto indica que, para ellos, Jesús tenía tan poca importancia que no merecía la pena mencionarlo. Los historiadores judíos Filón y Justo de Tiberíades tampoco lo mencionan[1].
Al heredar lo mesiánico, heredó también lo apocalíptico del yahvismo tardío, en una versión que concretaba la realización inminente del reinado de Dios anunciado por Jesús. Las primeras generaciones esperaron con ansiedad una inminente «segunda venida» (parusía) del mismo Jesús. Su continua demora fue haciendo que bajara el tono de la expectativa, dejando paulatinamente paso a otras actitudes. Con ello, fue haciéndose primaria para la identidad cris- tiana una fuerte insistencia en la profesión doctrinal ortodoxa y en el encuadramiento institucional {Iglesia). Sobre estas dos dimensiones es necesario añadir algo[2].
La imagen hoy conservada de un hombre blanco con pelo largo y oscuro y con barba es también la de Serapis, el dios sincrético de la religión estatal egipcia del siglo III a.C., que en el siglo IV d.C. era el dios más respetado en Egipto. Serapis era, de hecho, considerado como «el peculiar dios de los cristianos». Como cuenta Doane[3]:
“No puede haber duda de que la cabeza de Serapis, que se distingue porque la cara tiene una majestad solemne y pensativa, suministró fa primera idea para los retratos con vencionales del Salvador”[4].
Suele comenzarse esta historia científica con H. S. Reirnarus (1694 1768) en el siglo de
No es mi intención convertir esta obra en una discusión doctrinal sobre la existencia y las características de Jesús, entre otras cosas porque yo parto de unas ideas claras que no pienso cambiar y que son la base de mi discurso, y porque la misión de esta obra es dar alguna luz a los hombres que quieren buscar el camino de la verdad sin encontrarse con las manidas respuestas de siempre.
No obstante, creo que es importante circusncribir la historia a sus justos términos para que el lector que acabe leyendo toda esta obra, que será un jabato porque supone un esfuerzo tremendo de síntesis intentar explicar las ciencias ocultas universales paralelas o, incluso, anteriores a Cristo en una simple obra de estas dimensiones, me agradecerá, porque comprendiendo un poco la historia de todo lo que está sucediendo puede, en su fuero interno, creer o no creer en lo que cada persona dice, y formar su propia opinión sobre cada tema.
Así, el principio que quiero transmitir es que, creas lo que creas, hazlo porque tú lo consideras adecuado, no porque te lo diga yo, o porque te lo diga un cura cualquiera que está determinado sus criterios a base de doctrinas mentirosas, perdidas, que no son las que de verdad pudieron derivar del pensamiento real de la época y del criterio vigente.
[1] F. DE ORBANEJA, Historia impía de las religiones, Madrid 2003, pág. 197.
[2] J. GÓMEZ CAFFARENA, El enigma y el Misterio. Una filosofía de la religión, Madrid 2007, pág. 123 – 124.
[3] T. W. DOANE, Bible Myths an Their Parallels in Other Religions, 1985.
[4] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 145.
[5] M. PÉREZ FERNÁNDEZ, “Jesús de Galilea”, en M. SOTOMAYOR y J. FERNÁNDEZ UBIÑA (Coord.), Historia del Cristianismo I. El Mundo Antiguo, Granada 2003, pág. 70.
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El primer Cristo.
8. Mayo 2008 por admin.
Los pueblos mediterráneos hicieron suyos los misterios paganos adaptándolos a sus gustos y costumbres. No es extraño que los judíos hicieran lo mismo adaptando el mito del hombre-dios, encarnado antes por Krishna, Osiris, Dioniso, Buda, Quirino, Indra, Adonis, Atis, Mitra, Zoroastro, etc, en la figura de un dios-hombre judío que moría para salvar a su pueblo y resucitaba. Con el tiempo este mito se personificó en Jesús, pasó a interpretarse como un hecho histórico y el resultado ha sido el cristianismo oficial. Según la acertada expresión de Salvador Pániker, “El cristianismo es, ante todo, un conjunto de mitos y de símbolos, pero unos mitos y unos símbolos inservibles de tan gastados como están”. La teología egipcia era, en su mayor parte, un desarrollo de la sumeria; de la misma manera que las teologías hebrea y cristiana son un desarrollo de la teología egipcia. Desde tiempo inmemorial son inseparables la religión y la magia, por ello toda persona a la que se considerase con poderes mágicos era fácilmente tomada por un dios o por un enviado de Dios[1].
Esta historia no encaja con las ideas de paises de extremo oriente, donde la fatalidad desaparece de forma clara en su ideología divina, incluida la creación, que es algo más reposada. En este sentido, China retrasa la creación del mundo, que pasa de siete días a miles de años[2]. Además, el primer hombre, no sólo no castiga a la humanidad, sino que es la causa misma de la creación del país[3].
El cristianismo sólo es concebible, desde luego, a partir del recuerdo histórico de la vida y enseñanza de Jesús. Pero, propiamente, comenzó cuando sus seguidores se convirtieron a la fe en que «Dios lo ha resucitado» y que «vive en Dios». El surgir de esta fe, que en sí mismo envuelve un cierto enigma historiográfico, fue decisivo. Devolvía el aval de Dios al Jesús desautorizado por su muerte ya su anuncio. La «buena noticia», sin dejar de referirse a la llegada del «reinado de Dios», incluiría en adelante al mismo Jesús. La fe cristiana naciente proclamó a Jesús resucitado Kyrios («Señor»; un título que, en el contexto, sugería «divinidad»)[4].
El símbolo de la cruz es un símbolo tan antíguo que ha aparecido incluso en petroglífos prehistóricos. Son dos palos que se encuentran en un punto. En su origen, son dos palos de encender fuego. Parece que la primera cruz simbólica que apareció fue la griega, formada por cuatro brazos iguales, utilizada en rituales de magia pintada sobre la frente o tatuada en el cuerpo. Hastael siglo IV no se utilizó la cruz como símbolo cristiano, y hasta el siglo V no apareció la cruz latina, cuyo palo transversal está situado por encima del punto central del palo longitudinal[5].
Fue entonces, a raíz del brote de esa fe y en base a ella, cuando Jesús fue también proclamado Mesías (Christós en griego: «Ungido»). Al hacerlo, el nuevo movimiento religioso, a la vez que se tenía por heredero de las esperanzas germinadas en el yahvismo, cambiaba a éstas el sentido: las «espiritualizaba», eliminando el sentido étnico de restauración davídica. Una escatología más personalizada sustituía así a la primariamente colectiva e histórica de Israel: cada cristiano se siente llamado a una resurrección como la de Jesús. Con lo que también el monoteísmo cristiano superaba en principio el particularismo y se abría - como pide su interna lógica- al universalismo. Si bien, para ser coherente en ello, habría de superar aún muchos obstáculos -que ni siquiera hoy puede decirse haya superado del todo[6].
[1] F. DE ORBANEJA, Historia impía de las religiones, Madrid 2003, pág. 195.
[2] “Estaban cielo y tierra unidos y mezclados como si fueran un huevo -y allí dentro nació Pan Gu.El cielo y la tierra tardaron dieciocho mil años en se- pararse: mientras que lo Yang, que era claro, fue haciéndose cielo, lo Yin, que era turbio, fue haciéndose tierra. Y en medio de todo iba metamorfoseándose Pan Gu sin pa- rar, hasta que llegó a aventajar en sabiduría al cielo y en potencia a la tierra.Durante dieciocho mil años fue el cielo subiendo una vara al día, la tierra bajando otra vara y Pan Gu creciendo otro tanto, y así hasta que llegó el cielo al máximo por lo alto, la tierra al máximo por lo bajo y Pan Gu al máximo de su tamaño.
Los Tres Soberanos nacerían después”.
Historia de los Tres Soberanos y de los Cinco Emperadores.
[3] “Crónicas de los cinco ciclos del Tiempo”, en, Conjeturas acerca de la Historia.
Ver, G. GARCÍA-NOBLEJAS SÁNCHEZ-CENDAL, Mitología clásica china, Madrid 2004, pág. 17 ss.
[4] J. GÓMEZ CAFFARENA, El enigma y el Misterio. Una filosofía de la religión, Madrid 2007, pág. 123.
[5] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 74.
[6] J. GÓMEZ CAFFARENA, El enigma y el Misterio. Una filosofía de la religión, Madrid 2007, pág. 123.
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La fe cristiana V.
7. Mayo 2008 por admin.
De esta forma, al decir que Cristo, Verbo de Dios, nació de Dios por un modo particular de generación, se trata de una denominación que le es común con Hermes, al que los griegos llaman Verbo, mensajero de Dios[1].
Los gnósticos paganos y cristianos imaginaban que el camino de iniciación trataba de despertar al rey que el iniciado llevaba dentro. En los Misterios paganos, se «entronizaba» al iniciado como rey, formando parte de las ceremonias de iniciación. Los gnósticos paganos de la escuela cínica llamaban «rey» en el «reino de Dios» al iniciado que comprendía. Del mismo modo, los gnósticos cristianos enseñaban que, cuando comprendamos la gnosis, nos convertiremos en reyes «autogobernados» del reino de Dios y «reinaremos sobre Todo”. Imaginaban al iniciado cristiano triunfante coronado con un halo de luz y declarando: “La Luz se ha convertido en una corona sobre mi cabeza”[2].
La historia de la salvación consistirá en la restauración progresiva de la creación espiritual en su estado primitivo. La consumación de las cosas tendrá lugar cuando todo sea sometido al Hijo: «El final, en efecto, es siempre semejante al comienzo. Y así, como el fin de todo es uno, también el comienzo de todos debe ser considerado como uno, y del mismo modo que hay un final que afecta a una multitud, también, a partir de un único comienzo, ha habido numerosas variantes y diversidades, que de nuevo, por la bondad de Dios, por la sumisión a Cristo y por la unidad del Espíritu Santo, son llevadas a un fin único semejante al comienzo, quiero decir la variedad de todos los que están en el cielo, en la tierra y en los infiernos. En estas tres categorías, que a partir de un comienzo único han sido dispuestas en órdenes diversos conforme a sus méritos, queda comprendido todo el universo» (i,6,2; cf. i,8,4). Esta restauración abarca la totalidad de las criaturas espirituales. Todas cayeron de su condición primera de espíritus puros y todas deben ser restablecidas en esta condición. La redención concierne por tanto no sólo a los hombres, sino también a los ángeles, los cuerpos celestes y los demonios[3].
Todo esto nos lleva a que el final es el nuevo principio, y siendo en nuevo principio, el avance no existe, el futuro no existe, ni siquiera existe el pasado, es una constante vuelta al mismo concepto de existencia en la que el hombre debe someterse a las mismas reglas que son las originales y que, de hecho, se alejan de la realidad social actual y de la propia moral objetiva de cualquier hombre.
[1] JUSTINO, I Apología, xxii,2.
[2] T. FREKE y P. GANDY, Jesús y la Diosa Perdida, Barcelona 2006, pág. 33.
[3] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 407.
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La fe cristiana IV.
5. Mayo 2008 por admin.
Si nos fijamos en los principios de los shivaítas[1]:
1.- Los Veda son escrituras sagradas, las más antiguas del mundo. Estos himnos son la pa.labra divina y la base del hinduismo.
2.- Existe un Ser Supremo inmanente y trascendente, que es a la vez creador y creación y que es todo lo que existe.
3.- El universo está sujeto a ciclos infinitos de creación, preservación y disolución.
4.- Todo en el universo está sujeto al karma, a la ley de causa y efecto mediante la cual cada ser individual crea su propio destino a través de su pensamiento, sus palabras y sus acciones.
5.- Las almas encarnan en diferentes nacimientos hasta que todos los seres han cumplido su karma y han conseguido el conocimiento espiritual y la liberación del ciclo de existencias.
6.- Los seres divinos existen en mundos que no conocemos y podemos entrar en contacto con ellos mediante la adoración en los templos, los ritmos y los sacramentos y la devoción personal.
7.- Para la evolución espiritual son esenciales las directrices de un maestro, asi coma la disciplina personal, la buena conducta, la puriflcación, los ritos y la meditación.
8.- Toda la vida en todas sus formas es sagrada y ha de ser respetada y reverenciada.
9.- Ninguna religión es la única verdadera. Todas sirven para mostrar el camino y todas merecen respeto y reverencia.
Si verdaderamente vemos las comparaciones, descubrimos que, en el fondo, el espíritu es el mismo, incluso mejor, porque reconoce que ninguna religión es la única verdadera, que todas sirven para mostrar el camino, con lo que se crea un diálogo perpetuo entre religiones que permite la perfección del hombre.
Ese es el gran problema. La negación del otro, del contrario, del considerado oponente, porque eso es lo que se pretende, evitar que el que piensa diferente pueda conseguir convencer a los demás de que, en el fondo, tiene razón. El temor de las religiones se fundamenta en la inseguridad que sienten sobre su propia verdad, dado que temen que no sea del todo cierta, por eso evitan que otros vayan en otras direcciones, que cojan otros caminos, porque puede que encuentren lo que ellos buscaban. A ese nivel, la fe en Shiva está por encima de muchas otras corrientes, porque admiten directamente la posibilidad de que todas las demás religiones puedan llevar al mismo sitio.
El poder, la sola verdad inamovible, ha matado a mas personas que cualquier enfermedad. Por eso creo que es conveniente dar una nueva vuelta de tuerca a lo que creemos o pensamos, y llegar a una conclusión lógica, la verdad es multidireccional, es un caleidoscopio, y no se puede poseer toda la verdad. Una sola persona no puede tener la verdad del universo en su mente y creerse superior a los demás.
En nuestra cultura, el mejor ejemplo de este tipo de representación es el Antiguo Testamento, que narra situaciones históricas como si se tratara de situaciones concretas de personajes de carne y hueso. Las demás culturas tienen también sus mitos y sus historias sagradas, muchas de las cuales coinciden con la Biblia[2].
No podemos ni debemos olvidar que, en el fondo, la Biblia es la recopilación de historias propias mezcladas con historias ajenas y con mitología de todos los lugares donde los judíos se asentaron, ya voluntariamente, ya obligatoriamente, por haber sido convertidos en esclavos después de perder la guerra.
Negar los parecidos razonables de ciertas historias, incluido el Génesis o el diluvio universal, es negar que la humanidad tiende a un mismo patrón religiosos cuando va avanzando en la sociabilidad y se van mezclando las ideas, porque las ideas de unos, aunque rechazadas al principio, siempre acabarán en la fe de los otros, porque toda la estructura de la religión, con su ansia de poder absoluto sobre el hombre, no puede permitirse el lujo de perder una herramienta del sistema por que provenga de otro, es mucho más sencillo robar la idea, copiarla, y decir que es sólo suya.
Renunciar así a la riqueza de los pensamientos es contraproducente para la Iglesia, aunque algunas ideas de mayor calado, que chocaban frontralmente con la propia base de la concepción religiosa, no sólo tuvieron que ser olvidadas, sino que sus sacerdotes y creyentes tuvieron que ser destruidos por completo, al igual que sus textos, porque esos textos suponían un pensamiento diferente que podría llevar a la gente a pensar que las ideas contrarias eran mejores que las propias.
El propio Justino destaca las semejanzas entre ciertos mitos griegos y los misterios de Cristo. En unos y en otros aparecen los nacimientos virginales, las pasiones, las ascensiones. Él lo explica por el hecho de que los misterios de Cristo fueron anunciados por los profetas, a través de los cuales llegaron a conocerlos los griegos[3].
Es un golpe en toda la línea de flotación de la lógica, pues las historias griegas nacieron con anterioridad a las judías, aunque hay que reconocer que ámbas tenían fuentes comunes, pero la judía no era la fuente de la griega, sino que, al contrario, sería más simple advertir las semejanzas viendo como se copia funestamente de la mitología griega y egipcia para conseguir dar forma a un nuevo mito judío, un mito que se lanza, en absoluta tromba, a la construcción de una tradición cristiana basada en los otros pero independiente por extraño designio propio.
[1] E. GALLUD JARDIEL, Shiva, el Dios de los mil nombres, Madrid 2001, pág. 155.
[2] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 35.
[3] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 85.
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