Archivo para Junio 2008

El primer Cristo IX.

La prédica moral había llegado a ser la moda en la era imperial. Pero la gente no buscaba solamente enseñanzas morales que pudiesen ser un soporte a espíritus débiles, no independientes, que habían perdido todo el ambiente del fondo junto con sus actividades y tradiciones públicas comunes; se sentía también la necesidad de un apoyo personal. Ya se podía leer en Epicuro: “Tenemos que buscar para nosotros un hombre noble a quien tengamos constantemente presente, de modo que vigile todos nuestros actos“. Séneca cita este pasaje y continúa: “Necesitamos un guardián y un maestro. Un gran número de pecados desaparecerá si el hombre que tropieza tiene un testigo a su lado. El espíritu debe tener alguien a quien venere con un respeto capaz de santificar hasta su última esencia. El simple pensamiento de semejante auxiliar tiene un poder directivo y correctivo. Él sería el guardián, el modelo y la regla sin los cuales uno no puede rectificar lo que está errado”. Así, la gente se acostumbró a escoger a un gran desaparecido como su santo patrono. Pero algunas personas llegaron hasta sujetar su conducta al dominio de personas que aum vivían, predicadores morales que pretendían hacer creer que eran superiores al resto de la humanidad, debido a su gran moralidad. El estoicismo ya había declarado al filósofo libre de errores y defectos. Junto a la hipocresía y falso aire de santidad, empezó a desarrollarse una arrogancia farisaica del maestro moral -cualidades desconocidas en la Antigüedad clásica, que eran el resultado de un período de decadencia social y que necesariamente llegaron a ser cada vez más prominentes, según la ciencia era reemplazada, en la filosofia, por la ética-; en otras palabras, a medida que la investigación del mundo era desplazada por la creación de demandas sobre el individuo. Augusto llevó consigo a Areo en su comitiva, cuando entró en Alejandría después de la batalla de Accio, y lo presentó a sus conciudadanos, en un discurso (en el que Augusto prometió a los alejandrinos perdonarlos por haber apoyado a Antonio), como uno de los motivos de su clemencia. Similares guías espirituales atendían, en otros palacios y residencias, a las necesidades espirituales de los grandes. Habiendo sido anteriormente instructores de alguna teoría nueva, vinieron a ser para los romanos, después de las guerras civiles, guías espirituales prácticos, directores mentales, consoladores en la desgracia, con- fesores. Acompañaban a las víctimas del capricho imperial a su muerte y les administraban los últimos auxilios espirituales. Cano Julio, quien recibió su sentencia de muerte del emperador Calígula con una expresión de agradecimiento, y que murió con calma y compostura, fue acompañado en su última jornada por’ su filósofo’. Tracea admitió a su yerno Helvidio y al cínico Demetrio, este último prácticamente su clérigo doméstico, a la habitación donde hizo que le fueran abiertas las venas, y durante el tormento de su lenta muerte mantuvo la mirada fijada en él.”. Así, aun antes del surgimiento del cristianismo, encontraremos al padre confesor apareciendo en la escena, y, debido a la fuerza de las nuevas circunstancias, no a las enseñanzas de ninguna persona individual, surge en los países de Europa un nuevo poder histórico, el gobierno sacerdotal. Por supuesto que había, desde hacía mucho tiempo, sacerdotes entre los griegos y los romanos, pero fueron de muy poca importancia en el Estado. No es hasta la era imperial que empezamos a encontrar las condiciones maduras, en los países de Europa, para el dominio sacerdotal, que ya había existido en la primitiva antigüedad en muchos países de Oriente. Ahora encontramos, hasta en Occidente, las condiciones preliminares necesarias para una clerecía, para la casta sacerdotal como dominadora de los hombres, la cual, por la falsa santidad y arrogancia de muchos de sus miembros, empieza a desarrollar ya los rasgos caracteristicos del sacerdocio, que, en todas las edades hasta el presente, han sido causa del odio de todos los elementos vigorosos de la sociedad, de los que no tienen necesidad de una tutela[1].  

 

La historia del juicio de Jesús es también altamente sospechosa. Claramente trata de aplacar a los romanos mientras difama a los judíos. El Poncio Pilatos histórico era arrogante y despótico. Odiaba a los judíos y nunca delegó ninguna autoridad en ellos. Sin embargo, en la mitología cristiana, es retratado como un gobernante preocupado que se distanció de las acusaciones contra Jesús y se vio obligado a obedecer las demandas de los judíos. Según la mitología cristiana, cada Pascua los judíos pedirían a Pilatos que liberara al criminal que ellos eligieran. Esto es, por supuesto, una mentira flagrante. Los judíos nunca tuvieron la costumbre de liberar a criminales convictos en la Pascua ni en ningún otro momento del año. Según el mito, Pilatos ofreció a los judíos la posibilidad de liberar a Jesucristo o a un asesino llamado Jesús Barrabás. Se acusa a los judíos de haber elegido con gran entusiasmo a Barrabás. Esta historia es una viciosa mentira antisemita, una de las muchas mentiras encontradas en el Nuevo Testamento (en gran medida escrito por antisemitas)[2].


[1] K. KAUTSKY, El cristianismo. Sus orígenes y fundamentos, Barcelona 2006, pág. 120 – 123.

[2] H. BEN YEHOUSHUA, The Mith of the Historical Jesus.Cfr., ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 89. 

El primer Cristo VIII.

Particularmente las nociones con las que estamos tratando en este momento, las de la inmortalidad del alma y la vida posterior, encontraban cada vez más partidarios en el tiempo en que se originó el cristianismo. Así, Filón, eljudío alejandrino, que vivió al principio de la era cristiana, termina su primer libro sobre las Alegorías de la ley con la frase: “Heráclito también ha dicho ‘vivimos las muertes de ellos (los dioses) y hemos muerto sus vidas’, porque, al vivir el alma está como muerta y se halla encerrada en el cuerpo como en una tumba, mientras que el alma vive su propia vida después que morirnos y se ve liberada del mal y del cadáver de la vida a la cual había sido encadenada”. La preparación para la vida posterior comenzó gradualmente a considerarse como de más valor que la lucha por las riquezas de este mundo. El reino de Dios tomó en este mundo el lugar del rico: pero ¿quién encuentra este reino? Anteriormente los ciudadanos habían seguido tres líneas de conducta distintas y dignas de confianza: la de la tradición, la de la voluntad popular y la de las necesidades de la comunidad Ahora se hallaban ausentes; la tradición se había convertido en una sombra vacía; el pueblo no tenía ya una voluntad unida; el ciudadano era ahora indiferente a las necesidades de la comunidad. Interesándose sólo por sí mismo, el individuo se hallaba desamparado en el torrente de nuevas ideas y relaciones que estaba inundando la sociedad y lanzado en busca de una firme ancla, de doctrinas y maestros que le enseñasen la verdad y una correcta filosofia de la vida, que le señalasen el camino directo al reino de Dios.

 

Este mismo Séneca tronaba en sus escritos contra la riquezad y la avaricia y el amor a los placeres, pero en 58 de n. e. se vio obligado a oír la acusación que le hizo Suilio en el Senado, de haber acumulado sus millones por medio de testamentos falsificados y por la usura. De acuerdo con Dio Casio, la insurrección de los bretones en época de Nerón fue, en parte, causada por el hecho de que Séneca les había hecho un préstamo de diez millones de denarios (dos millones doscientos mil dólares) a un alto tipo de interés, y más tarde había tratado bruscamente de cobrar toda la suma de la manera más brutal. Este elogiador de la pobreza dejó tras él una fortuna de trescientos millones de sestercios (quince millones de dólares), una de las mayores fortunas de la época. Frente a tan magnífico ejemplo de verdadera hipocresía, resulta pálido el caso en que, un siglo después, el satírico Luciano ridiculiza, en su Hermótimo, a un filósofo estoico inventado por él, que predicaba el desprecio al dinero ya los goces y aseguraba que la práctica de sus enseñanzas daban por resultado una noble ecuanimidad en todas las vicisitudes de la vida, y quien, sin embargo, demandaba a sus alumnos ante los tribunales si no podían pagarle los honorarios convenidos, se emborrachaba en los banquetes y se acaloraba de tal manera en las discusiones, que tiró un abridor de plata a la cabeza de su oponente.




K. KAUTSKY, El cristianismo. Sus orígenes y fundamentos, Barcelona 2006, pág. 118 - 120 

 

El primer Cristo VII.

¿Quién no recuerda inmediatamente el cielo y el infierno de la concepción cristiana, lo de las ovejas a la derecha y los cabritos a la izquierda, lo del fuego eterno que se halla preparado en el infierno’ y lo de los muertos que no vivirán de nuevo “hasta que se cumplan los mil años”, etc. ? Y, sin embargo, Platón vivió en el siglo IV antes de Cristo. No menos cristiana es la impresión producida por las palabras: “El cuerpo es la carga y el castigo del espíritu; oprime al espíritu y lo mantiene cautivo”. No fue un cristiano quien escribió esas palabras, sino el maestro ins1ructor de Nerón, el perseguidor de los cristianos, el filósofo estoico Séneca. Muy semejante es este otro pasaje: “Pero esta envoltura corpórea es el alma oculta, disftazada, separada de lo que le es propio y lo que es verdad y arrojada a la decepción; toda la lucha del alma es contra la carne que la oprime. El alma se esfuerza hacia el lugar de donde vino; allí es servida en paz eterna, donde preserva lo que es puro y claro después de la apariencia confusa e intrincada de este mundo”.

En otro pasaje de Séneca encontramos también un número de giros impresionantes que igualmente ocurren en el Nuevo Testamento. Así, Séneca dice en una ocasión: “Revestíos con el espíritu de un gran hombre”. Bruno Bauer compara correctamente esta expresión con la contenida en la Epístola de san Pablo a los romanos: “Mas, revestíos de Nuestro Señor Jesucristo” y con aquélla a los gálatas: “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”. Estas coincidencias han hecho que muchas personas lleguen a la conclusión de que Séneca estaba utilizando las fuentes cristianas, y hasta de que Séneca era cristiano; esto último es el producto de la imaginación cristiana. Como una cosa cierta, Séneca escribió antes de que fueran compuestas las varias partes del Nuevo Testamento; si algo se tomó prestado, debemos presumir que fueron más bien los cristianos los que lo tomaron de los bien diseminados escritos del filósofo de moda de aquellos días. Pero hay mucha razón en suponer que ambos estaban empleando, independientemente el uno del otro, frases que se hallaban en boga en aquel tiempo. 

 

 Particularmente, en relación con la expresión “revestidos de Cristo”, Pfleiderer señala que esto ha sido tomado del culto persa a Mitra, que tenía mucha aceptación en el Imperio romano. Entre otras cosas, nos dice, en relación con la influencia de este culto sobre los conceptos cristianos: “Los sacramentos de Mitra también incluían una comida sagrada, en la cual el pan y la copa de agua o de vino santificados servían como símbolos místicos de la distribución de la vida divina entre los creyentes de Mitra. En estas celebraciones aparecían los creyentes con caretas de animales, indicando por estas representaciones atributos de su dios Mitra; los celebrantes se ‘vestían ‘ con su dios, lo que quería decir que habían entrado en una comunidad de vida con él. Esto es también muy semejante a la enseñanza de Pablo de la cena del Señor como una ‘comunión’ de la sangre y del cuerpo de Cristo, ‘porque todos los quehabéissidobautizados…”.


K. KAUTSKY, El cristianismo. Sus orígenes y fundamentos, Barcelona 2006, pág. 116 - 118.

El primer Cristo VI.

Los evangelistas eran hombres extremadamente ignorantes, sus ideas concernientes a las materias de las que escribían eran completamente erróneas. Así, Lucas nos presenta a José viajando con María desde Nazareth hacia Belén, en ocasión de un censo imperial romano, de lo que resultó que Jesús naciera en Belén. Pero semejante censo no fue levantado en tiempos de Augusto. Por consiguiente, Judea no vino a ser provincia romana sino después de la fecha señalada para el nacimiento de Cristo. En 7 de n. e. se hizo realmente un censo, pero los censores fueron a las habitaciones de la población. No fue necesario ir a Belén[1]

 Asimismo, cuando el Evangelio de Mateo representa a jesús diciendo: “Las zorras tienen cuevas, y las aves del cielo, nido; más el Hijo del hombre no tiene un lugar donde reposar su cabeza”, se está expresando un pensamiento que Tiberio Graco había expuesto, ciento treinta años antes del nacimiento de Cristo, por todo el proletariado de Roma: “Los animales silvestres de Italia tienen sus cuevas y sus cobertizos donde descansar, pero los hombres que luchan y mueren por la grandeza de Italia no poseen otra cosa que la luz y el aire, porque no se les puede quitar. Sin hogar y sin un lugar donde resguardarse, vagan de un lugar para otro con sus mujeres e hijos”. Su miseria y la constante inseguridad de su existencia tuvo que exasperarlos más con la creciente desvergüenza y lujo que la opulencia de los grandes constantemente ofrecía a sus ojos. Así se anidó un odio violento de clase, de parte del pobre hacia el rico, pero este odio de clase era completamente diferente al del moderno proletario[2].


[1] K. KAUTSKY, El cristianismo. Sus orígenes y fundamentos, Barcelona 2006, pág. 20.

Cfr., D. STRAUSS, The Life of the Christ, critically examined, Londres 1846, Vol. I, pág. 200 – 208.

[2] K. KAUTSKY, El cristianismo. Sus orígenes y fundamentos, Barcelona 2006, pág. 63 – 64.

El primer Cristo V.

De forma curiosa, en la Misná[1], la parte más antigua del Talmud, propiamente dicha, no se menciona nunca a Jesús, pero hay alguna referencia a él en los comentarios posteriores sobre el Misná compuestos en una época muy posterior[2].

            Observemos ahora las epístolas supuestamente escritas por Pablo. La primera epístola de Pablo a Timoteo alerta contra el trabajo marcionista conocido como la Antitesis. Marción fue expulsado de la Iglesia de Roma en el 144 d.C., y la primera epístola de Pablo a Timoteo fue escrita muy poco despues. El problema es que Pablo murió durante las persecucioness instigada por Neron en el 64 d. C[3].

 

            Otro de los magníficos ejemplos de esto es el Evangelio de Juan. Keeler[4] descubrió, que se señalaba que Bethsaida estaba en Galiela. No hay tal ciudad en esa región y nunca la hubo. Bethsaida estaba en la orilla este del mar de Tiberiades, mientras que Galilea estaba en la orilla oeste. San Juan nación en Bethsaida, y lo más probable es que supiera la localización geográfica de su propio lugar de nacimiento[5].

 

            Bem Yehoshua declara[6]

 

             La historia del Nuevo Testamento[7] confunde tantos periodos históricos que no hay modo alguno de reconciliarla con la historia. El año tradicional de nacimiento de Jesús es el 1 d.C. Se suponía que Jesús no tenía más de dos años cuando Herodes ordenó la matanza de los inocentes. Sin embargo, Herodes murió el 12 de abril del año 4 a.C. Esto ha llevado a algunos cristianos a volver a datar el nacimiento de Jesús en e16-4 a.C. Sin embargo, también se su- ponía que Jesús había nacido durante el censo de Quirino. Este censo tuvo lugar después de que fuera depuesto Arquelao en el año 6 d.C., diez años después de la muerte de Herodes. Se suponía que Jesús había sido bautizado por Juan poco después de que Juan hubiera empezado a bautizar y predicar en el año 15 del reinado de Tiberio, es decir, 28-29 d.C., cuando Poncio Pilatos era gobernador de Judea, es decir, 26-36 d.C. Según el Nuevo Testamento, esto ocurrió también cuando Lizanias era tetrarca de Abilene y Anás y Caifás eran sumos sacerdotes. Pero Lisanias gobernó Abilene desde c. 40 a.C. hasta que fue ejecutado en el 36 a.C. por Marco Antonio, unos 60 años antes de la fecha de Tiberio y unos treinta años antes del supuesto nacimiento de Jesús. Además, nunca hubo dos sumos sacerdo- tes conjuntamente; en particular, Anás no era sumo sacerdote junto con Caifás. Anás fue retirado del puesto de sumo sacerdote en el año 15 d.C., después de ejercer el cargo durante unos nueve años. Caifás sólo se convirtió en sumo sacerdote en el18 d.C., unos tres años después que Anás[8].


[1] Ver, La Misná, Edición de C. DEL VALLE, Salamanca 2003.

[2] B. D. EHRMAN, Jesús, el profeta judío apocalíptico, Barcelona 2001, pág. 87.

[3] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 74. 

[4] B. KEELER, A Short History of the Bible, 1965. 

[5] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 83. 

[6] H. BEN YEHOUSHUA, The Mith of the Historical Jesus. 

[7] Cfr., B. QUIÑONES RODRÍGUEZ, Falsas verdades de la Iglesia católica, Vigo 2006, pág. 63 ss.

[8] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 86 87. 

El primer Cristo IV.

            Realiza incisiones sobre su carne. Es una tradición [se refiere a Misnah Sabbat 12,4]. R. Eliézer dijo a los sabios: ¿Acaso no fue Ben Stada quien trajo la brujería de Egipto por medio de las incisiones sobre su carne? Le dijeron: Era un loco, pero de los locos no se pueden aportar pruebas. ¿Ben Stada es Ben Pantera? Dijo R. Jisda: El marido era Stada, el amante era Pantera. El marido era Pappas ben Yehudah, pero su madre era Stada [.stah da, «ella se extravió»]. Su madre era Miriam la que peinaba [mgdl, homófollo con Magdala] a las mujeres. Pero, según se dice en Pumbedita, se extravió [sotah, «sospechosa de adulterio; stah dah, «se extravió»] de su marido (Talmud de Babilonia Sabbat 104b)[1].

            Después de esto, existen otros textos que, al parecer, hacen referencia a Jesús dentro de su época, lo que sucede es que los historiadores no están demasiado convencidos de que estos textos no hayan sido “retocados” por manos cristianas para introducir en la historia a Jesús. En mi opinión personal, creo que los textos están claramente retocados, sobre todo porque Josefo (antigüedades) no hace mención a los temas esenciales y se queda en cosas anecdóticas. Es como si contando la historia de la revolución francesa, se mencionara la costurera del último vestido de Josefina, pero no se indicara la decapitación, como su no hubiera existido.

            Los textos son los siguientes[2]:

            [Contando la condena de Santiago, se dice: Anán creyó haber encontrado la ocasión propicia para aplicar esta severidad, ya que resto había muerto y Albino no había llegado aún. Por eso convocó al sanedrín y presentó ante él a Santiago, hermano del Jesús llamado Cristo, ya otros, acusándoles de quebrantar la Ley, y mandó trasladados al lugar donde serían lapidaddados. [Los investigadores tienden a considerar auténtico el pasaje entero y la mención de Jesús. La información es absolutamente neutra] (Ant. 20,9-1)”.

            “[Texto de autenticidad discutida. Hemos Puesto en cursivas las que son evidentes interpolaciones cristianas]: Por este tiempo vivió Jesús, un hombre sabio, si se le puede llamar hombre. Fue autor de obras increíbles y el maestro de todos los hombres que acogen la verdad con placer. Atrajo a muchos judíos y también a muchos paganos. Era el Cristo. Y aunque Pilato lo condenó a morir en cruz por instigación de las autoridades de nuestro pueblo, sus anteriores adeptos no le fueron desleales. Porque al tercer día se les apareció vivo, como habían vaticinado profetas enviados por Dios, que anunciaron muchas otras cosas maravillosas de él. Y hasta el día de hoy existe la comunidad de los cristianos, que se denominan así en referencia a él (Ant. 18,3,3)”[3].

            ¿Por qué Flavio Josefo, un judío devoto que nunca se convirtió al cristianismo, iba a profesar la fe de Jesús, al sugerir que era almo más que un hombre, pues lo llama Mesías, en lugar de decir que otros pensaban que lo era, y al afirmar que resucitó de entre los muertos para cumplir las profecías?[4]

Como dice Waite5]: «Casi todas las cosas escritas que conciernen a los Evangelios hasta el año 325, y todas las copias de los propios Evangelios hasta el mismo periodo, se han perdido o han sido destruidas». La verdad es que existen muy pocos textos antiguos cristianos porque los autógrafos, u originales, fueron destruidos después del Concilio de Niza, y por el «retoque» del 506 d.C. bajo el emperador Anastasio, que incluyó la «revisión» de los trabajos de los padres de la iglesia, actos catastróficos que serían inconcebibles si estos «documentos» fueran verdaderamente los preciosos testamentos de los verdaderos apóstoles relativos al «Señor y Salvador», cuya supuesta venida fue tan significativa que incitó a un profundo fanatismo ya guerras inacabables) repitiendo lo que parecería ser una absoluta blasfemia, en los siglos XI y XII la «infalible palabra de Dios» fue «corregida» de nuevo por una diversidad de funcionarios eclesiales. A, demás de estas «revisiones» principales, ha habido muchas otras, incluyendo errores de copia y traducción, mutilaciones deliberadas y oscurecimiento del significado[6].


[1] M. PÉREZ FERNÁNDEZ, “Jesús de Galilea”, en M. SOTOMAYOR y J. FERNÁNDEZ UBIÑA (Coord.), Historia del Cristianismo I. El Mundo Antiguo, Granada 2003, pág. 115

[2] M. PÉREZ FERNÁNDEZ, “Jesús de Galilea”, en M. SOTOMAYOR y J. FERNÁNDEZ UBIÑA (Coord.), Historia del Cristianismo I. El Mundo Antiguo, Granada 2003, pág. 117.

[3] Ver, F. JOSEFO, Antigüedades judías, Tomo I y II, Madrid, 2002. 

[4] B. D. EHRMAN, Jesús, el profeta judío apocalíptico, Barcelona 2001, pág. 85.

[5] C. WAITE, History of the Christian Religion to the Year Two Hundred, 1992, pág. 461. 

[6] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 63. 

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