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Archivo para Noviembre 2008
El primer Cristo XVII
26. Noviembre 2008 por admin.
En la manipulación, se acude, como sucede con Justino, a los profetas del Antiguo Testamento como demostración de que Cristo ha cumplido el designio de Dios y no se ha limitado a ser testigo de una verdad intemporal. No obstante, esto es un supuesto excepcional. Taciano tiene un punto de vista opuesto[1].
El contenido de esta tipología es el mismo que en Justino e Ireneo. El Antiguo Testamento es a la vez profecía y figura[2]: «Los patriarcas no sólo profetizaron por la palabra lo que había de suceder, sino que además realizaron en acción lo que se ha cumplido en Cristo. Estas cosas estaban preparadas por adelantado, pero al final de los tiempos, Cristo vino al mundo como quien cumple la Ley y los profetas, él que es verdaderamente el redentor de todos… ¿Cómo no entender que espiritualmente estas cosas han sido prefiguradas por el bienaventurado David y luego cumplidas por el redentor?»[3].
En ese camino, por ejemplo, Melitón de Sardes, en su Homilía sobre la Pasión, busca concomitancias entre el Antiguo y el Nuevo Testamento con fines precisos. Así pretende y subraya el nexo histórico existente entre la Pascua antigua y la Pascua nieva. Melitón vuelve sobre esta idea más adelante, considerando que la primera Pascua tuvo lugar como figura, y la segunda como realidad (2,1-2)[4].
Con todo esto nos dirigimos, de una forma loca y sin sentido, a construir una relación real entre una figura ficticia y otra figura más ficticia todavía, porque la creación de Jesús, dentro de los innumerables Jesús que había en la época, era una metáfora de la llegada de una nueva realidad, que, por supuesto, no debía ser tomada al pie de la letra. Pues, si nos ponemos en ese plan, igual consideración debió tener Apolonio de Tiana, cuyos hechos, mejor documentados, parecen asemejarse a los efectuados por el Cristo del Nuevo Testamento, lo que podría hacer que parecieran hermanos.
El problema que se genera es grande, sobre todo si se tiene en cuenta el tenor de las palabras de los propios evangelistas. En las cartas de Pablo se dice “Si Jesús hubiera estado en la Tierra, no habría sido sacerdote”[5], pero la construcción debería haber sido “Cuando Jesús estaba en la Tierra, no era sacerdote”[6].
Claramente estamos contemplando una brecha en la historia propia de la existencia real de Jesucristo, y vemos como lo que antes era una figura histórica, ahora se transforma en una figura alegórica, una figura que debe conducir, en su caso, a los hombres, pero que no es, en realidad, existente y esencial.
[1] J. DANIÉLOU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglos I y III, Madrid 2002, pág. 32 – 33.[2] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 254 – 255.
[3] David et Goliat 3.
[4] J. DANIÉLOU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglos I y III, Madrid 2002, pág. 227.
[5] Hebreos 8.4.
[6] T. FREKE y P. GANDY, Jesús y la Diosa Perdida, Barcelona 2006, pág. 34.
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