Archivo para Mayo 2009

El Primer Cristo XIX.

La elaboración de una doctrina del Verbo es una tarea esencial de la teologóa patrística desde los apologistas hasta el Concilio de Nicea. Pero la formulación correcta de las relaciones del Padre con el Verbo y el Espírituo Santo era una tarea compleja que no quedaría reematada hasa el siglo IV[1].

 

            Teófilo señala que “Dios, que tenía su Verbo inmanente en su seno, lo engendró con su Sabiduría (= el Espíritu Santo) antes de todas las cosas. Tuvo a este Verbo como ministro de todas sus obras y por él lo hizo todo (ii,10). Y más adelante: «El Verbo de Dios es también su Hijo, no en el sentido en que los poetas dicen que los hijos de dios nacen de uniones carnales, sino conforme a lo que la verdad enseña del Verbo que existe siempre inmanente en el corazón del Padre. Antes de que nada existiera, el Padre lo tenía como consejero, pues es su espíritu y su pensamiento. Pero cuando Dios quiso realizar lo que tenía decidido, engendró este Verbo exteriormente como primogénito de toda criatura, sin quedar él mismo priva- do del Verbo y sin dejar nunca de conversar con el Verbo» (ii,22)[2].

 

            Ahora bien, el Hijo no salió de la nada, como el resto de las criaturas, sino que fue engendrado de la sustancia del Padre. Es llo que dice Justino: “El Verbo de Dios, es engendrado de Dios dem manera propia, de modo distinto que la creación ordinaria”[3].

 

            Y esta es la síntesis de la idea, En una evolución ideológica, colocar al Cristo como Dios provoca que deba emanar del propio Dios, y exige un tratamiento desigual con el resto de las criaturas, a la vez que produce enormes quebraderos de cabeza a todos los pensadores y apologetas del cristianismo, que deben equilibrar su conocimiento con el absoluto problema de determinar lo uno en trino y lo trino en uno.

 

            De esta forma, el Verbo nace porque Dios es incognoscible (Clemente) y es necesario un acercamiento hacia el hombre, creando un intermedio que cierre la teoría sin que nadie quede con el culo al aire.

 

            Pero la creación o concepción del hijo hace que dicho acto sea el primer acto porque el que Dios limita su infinitud (Clemente). Entonces rompemos el sistema para introducir un extraño en el sistema. Nos volvemos locos, nos dejan sin palabras. El Hijo de Dios supone la primera limitación de Dios que, por esencia, es ilimitado. Entonces quíen es ese Dios que acaba limitado, el Creador, y el ilimitado Universo donde queda. ¿El conocimiento también se limita?.

 

            Para Origenes el Hijo es la imagen del Dios invisible. Esta imagen comprende la unidad de la naturaleza y de la sustancia del Padre y del Hijo[4]. Esto, en esencia, puede tener un poco más de sentido, porque el Hijo sería el reflejo de la imagen en la pared de la cueva, única forma de comprender la imagen de un Dios que es invisible para los hombres. Siendo, asimismo, una realidad que se cuela dentro de la irrealidad de las imágenes para que el hombre llegue donde no ha llegado nunca.

 

            Pero se siguen produciendo problemas de interreralación entre el sistema descrito y el pensamiento consciente humano, de aquella época y de la nuestra. Por eso tantas herejías, tantos pensamientos fuera de contexto, porque uno y lo mismo no son lo mismo, al quedar diferenciados por el lugar esencial donde colocan sus efectos directos, dentro y fuera del mundo del hombre.

  

            Lo peor es que, al final, el espíritu de Dios no está en todos, sino que ha descendido sólo sobre algunos, los que viven justamente, a cuyas almas se ha unido y ha anunciado a las demás almas mediante sus predicciones de cosas ocultas[5].

 

            Al final la igualdad desaparece de forma absoluta, porque no interesa a nadie. Se pretende crear una élite específica que determine lo que es Dios, lo que supone creer, y hasta donde se puede llegar, y que también determine quien es más cercano al Señor por formar parte de él al tener alma, cosa que no pertenece a casi nadie.

 

            En el fondo, la doctrina debe ser la contraria, porque la base de una creencia absoluta en una divinidad creadora se basamente específicamente en que todo lo que hay en el universo forma parte de esa creación, por lo que aquellos seres susceptibles de tener alma la tienen, y comparten su centro con el alma del Creador. Si esto no es así, entonces rompemos la baraja, porque creamos élites a base de crear personas con más derechos que otras al controlar el conocimiento.

 

            En este estrado de las ideas, el Espíritu Santo sería el nexo entre el Alma del Creador y el alma de los hombres, espero que de todos los hombres, aunque, entonces, complicamos la trinidad y unidad de forma sospechosa. Necesitamos de forma urgente que una idea sea la idea esencial, la idea de un esquema creacional en la que no se mezclen fuerzas y personajes para explicar lo inexplicado.

 

            La cuestión es que se puede explicar la realidad de Jesún de una forma más mundana, algo que, tal vez, suponga la destrucción total de la mentira creada por

la Iglesia.

 

El encargo de helenización bajo Antíoco fue liderado por el Jesús zadokita «modernista», un «sabio de Jerusalén», y se opuso a ella el Matatías asmoneo/macabeo y sus hijos, uno de los cuales se llamaba Judas. Esta historia sirvió como prototipo para el drama del Evangelio, con un Jesús que intentaba revocar la religión de Judea introduciendo una influencia «extranjera» y que fue detenido por Judas en alianza con los tradicionalistas. En esta historia y en el relato del Evangelio, de hecho, se encuentra la rivalidad continua ente Israel y Judá. Además, después del destronamiento por parte de los macabeos, muchos de los zadokitas restantes de Jerusalén se esparcieron, algunos por Siria, Galilea y Samaria y otros por Egipto, donde el sumo sacerdote zadokita Onias IV, «en directa infracción de la ley bíblica erigió un templo judío en Leontópolis con la bendición del rey Ptolomeo Filómetro (182- 146 a.C.)»[6] un acto que evidentemente escandalizó al sacerdocio palestino y amplió las desavenencias[7].

 

En la historia de la sublevación macabea hay de hecho un Jesús que puede considerarse el «maestro de rectitud» encontrado en los manuscritos zadokitas. Sin embargo, el término «maestro de rectitud» es un título que podría aplicarse a una serie de individuos, pasados, presentes y futuros. «Maestro de rectitud» podría también traducirse como el «maestro de Zadok», o «Zedek» y, viceversa, los «hijos de Zadok» podtían llamarse hijos de la rectitud” [8].

 

Como se señaló antes, los «hijos de Zadok» eran los sumos sacerdotes, los únicos a los que se les permitía ir a la parte norte del templo para ofrecer la quema de ofrendas. La ofrenda de fuego es una maca del culto de Zadok, que, como hemos visto, se reivindica en el documento zadokita. Se ha demostrado que el culto de Molech era el mismo que el de la orden de Melquisedec, cuyo nombre «Rey de Rectitud» también podría escribirse como «rey de Zadok». Como era de esperar, Melquisedec tiene un importante papel en la literatura zadokita. En uno de los manuscritos (II QMelch), se representa a Melquisedec como el «rey salvador que llevará la paz y la salvación a los creyentes y el merecido castigo a los malvados y quien también mediará por el perdón divino para los primeros en el Día del Juicio Final»[9]:

 

“Y Melquisedec vindicará la venganza de los juicios de Dios… los reinos de tus Elohim… y Tu Elohim es Melquisedec….”.

  

En sus escritos, los zadokitas están seguros de la venida de la era mesiánica y el advenimiento de un «niño prodigioso» que sería precoz a la edad de dos o tres años y deslumbraría a los ancianos, lo mismo que se cuenta tradicionalmente de Jesús. Como dice Gaster del tratado que él llama «El Niño Prodigioso»[10]:

 

            Es una predicción (un erudito la ha llamado un horóscopo) del nacimiento de un niño prodigioso, caracterizado como «el elegido de Dios», y de eventos que sobre vendrían después. El niño tendría (como Krishna y Buda) marcas especiales en su cuerpo, y se distinguiría por su sabiduría e inteligencia precoces. Sería capaz de demostrar los secretos de todas las criaturas vivientes, y ninguna treta contra él tendría éxito”[11].

            

La conexión entre los zadokitas y el cristianismo también se hace evidente por una serie de conceptos y términos, tales como el «Espíritu Santo», «Salvación», «hijos de la Luz», y <dos Elegidos», un término usado también por los mandeístas/nazarenos. Hay igualmente una conexión entre el libro de Juan el Bautista de los mandeístas y el Génesis apócrifo encontrado en el Mar Muerto[12].  

 

           Unos pocos años después de la supuesta muerte de Jesús, encontramos comunidades cristianas por todo el Mediterráneo oriental, siendo desconocidos sus fundadores. Pablo posiblemente no podría contar todos los centros cristianos a lo largo del Imperio; muchos existían ya antes de que él llegara allí. ..Una forma de fe cristiana posteriormente declarada herética, el gnosticismo, precedió claramente al establecimiento de creencias e iglesias orto- doxas en áreas completas como el norte de Siria y Egipto. En efecto, la absoluta variedad de expresiones cristianas y su competitividad en el siglo I, como se revela en docu- mentos tanto del Nuevo Testamento como de fuera, es inexplicable si todo procediese de un solo movimiento misionero que empezó de una sola fuente. ..Pablo encuentra rivales en cada esquina que interfieren con su trabajo, cuyas opiniones él intenta combatir. Los «falsos apóstoles» a los que vitupera en 2 Corintios 10 y 11 están «proclamando a otro Jesús», y ciertamente no son del grupo de Pedro. ¿De dónde vienen todos y de dónde proceden sus ideas? La respuesta parece inevitable: el cristianismo nació en mil lugares, en el fértil suelo del judaísmo helenístico. Brotó en muchas comunidades y sectas independientes, expresándose en una gran diversidad de doctrinas[13].


[1] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 335.[2] Ibidem., pág. 343.

[3] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 344.

[4] Ibidem., pág. 364.

[5] Ibidem., pág. 377.

[6] G. VERMES, Los manuscritos del Mar Muerto, 1980, pág. 22. 

[7] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 488. 

[8] Ibidem. 

[9] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 489. 

[10] Ibidem., pág. 494. 

[11] T. GASTER, The

Dead Sea Scriptures, 1976.

 

[12] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 495. 

[13] The Jesus Puzzle, Net.Cfr., ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 500 – 501. 

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