Los literalistas 5.

La rama judío-esenia dio paso al gnóstico cristiano, cuya progenie espiritual fueron los místicos cristianos monásticos que hubo en el seno de la Iglesia, así como los alquimistas, los magos ceremoniales, los cátaros, los rosacruces, los cabalistas y, ya en los tiempos modernos, los teosofistas y otros movimientos relacionados de espiritualidad alternativa. La corriente alternativa nunca dejó de existir, pero sus manifestaciones externas fueron espasmódicas y jamás tuvieron fuerza suficiente para desafiar seriamente las ortodoxias de la corriente principal (autodeclaradas como tales)[1].  

 

Como dice Wheless, cuando los cristianos eran débiles y no tenían poder y estaban sometidos a persecuciones ocasionales como «enemigos de la especia humana», eran clamorosos e insistentes abogados de la libertad de conciencia y de culto para adorar al dios que uno eligiera; las «Apologías» cristianas a los emperadores abundan en elocuentes argumentaciones a favor de la tolerancia religiosa; y ésta les fue garantizada, a ellos ya todos, por el edicto de Milán y otros decretos imperiales. Pero cuando, por el favor de Constantino, entraron en las posiciones de mando del Estado, tomaron de una vez por todas la espada y empezaron a asesinar y robar a todos los que no querían creer lo que los sacerdotes católicos les ordenaban creer[2].

 

En un momento dado, a alguien se le ocurre una idea genial. ¿Por qué no personificamos la idea y creamos al hijo del Creador? Obviamente dicha solución es mucho más sencilla de explicar a los demás, siendo una forma de acercar Dios a los hombres, que, en algunos casos, no se identificaban adecuadamente con la historia que se les quería explicar, por lo que cualquier insturmento de comprensión era bueno.

        Justino, forzado a presentar el acontecimiento de Cristo a la vez ante el mundo pagano y ante el mundo judío, demuestra que no es extraño ni al uno ni al otro, sino que representa el momento decisivo de un designio de Dios que abarca la totalidad de la historia. Nunca ha existido sino una sola verdad que tiene su mente en el Verbo de Dios. Pero esta verdad se despliega conforme a un orden determinado. Nunca fue conocida sino parcialmente por griegos y judios hasta manifestarse plenamente en Cristo. La Iglesia la difunde por todo el mundo, hasta que tenga cumplimiento con la parusía[3].

[1] . S. A. HOELLER, Jung y los evangelios perdidos, Barcelona 2005, pág. 24.

[2] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 32. 

[3] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 157 – 158.

Dejar una respuesta

Para poder enviar un comentario, ha de iniciar la sesión.