Los literalistas 7.

En el literalismo, la encarnación se situa en el centro de la visión de la historia de la salvación, cuya culminación representa. La existencia real de un Jesús que es el hijo de Dios y se encarna en hombre para luego sacrificar su vida y resucitar al tercer día, la integración en la historia del hombre de dicho mito, es el centro mismo de la religión cristiana, lo que conlleva que, al final, el hombre debe aceptar cosas que no ve en base a una fe que ni siquiera conoce.

            Cristo aparece como la culminación de todo cuanto le ha precedido y que él resume[1]: “La economía del Señor es cuádruple, y por ello fueron otorgadas cuatro alianzas a la raza humana: una antes del diluvio, bajo Adán; la segunda después del diluvio bajo Noé; la tercera es la Ley bajo Moisés; la cuarta renueva al hombre y recapitula todo en sí misma: es el Evangelio”[2].

            Se construye la idea de que la historia está predeterminada por Dios, que ha establecido un guión del que el hombre parece no poder salir. En ese guión el personaje supuestamente histórico de Jesús es el que culmina la evolución de la creación, llenando los vacíos que había desde el origen de la historia, y creando una nueva doctrina que arrastra a muchos hombres.

            No es, por tanto, valadí, enfrentarse a esta realidad, responder lo que nos han metido con clazador en nuestra mente, desde la infancia. Desde que nacemos la Iglesia nos “enseña” la supuesta realidad que debemos creer, y nos facilitan todo de tal forma que ya no podemos pensar por nosotros mismos, “somos pensados” por otros, por los que controlan nuestra propia vida.

            Justino distingue en la Ley ante todo las prescripciones de la moral natural, que son inmutables, y luego, las prescripciones legales (Dial., xliv,2; lxvii,10). Estas no son nesarias. Justino aduce para probarlo numerosas razones. Incluso valo

la Ley tuvieron excepciones. Así, en cuanto al sábado: “¿Iba a querer Dios que pecaran los sacerdotes que ofrecen los sacrificios en día de sábado?”. Aquí se retoma el argumento de Cristo. Lo que sucede es que Dios, viendo que eran incapaces de soportar una Ley espiritual, les dio una Ley externa[3].

            Se ampara el cambio de Ley en la intransigencia de la anterior, y en la incapacidad de los judíos deentender la Ley espiritual. Lo que se busca es confundir a los pobres lectores que intenten comprender tal argumento, pues el fin último de toda esta historia es introducir dudas respecto de las leyes anteriores, con el fin de poder establecer las propias leyes, más adaptables a los deseos de la jerarquía, que puede mover así a los cristianos a su voluntad sin crear dudas.

             De entre el gran número de escrituras cristianas que exixsten, los literalistas escogieron cuatro evangelios para formar el canon del Nuevo Testamento. Estos evangelios fueron declarados los únicos auténticos y todas las demás escrituras cristianas fueron denunciadas como heréticas[4].


[1] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 174.

[2] IRENEO, Adversus Haereses, iii,11,8.

[3] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 198 – 199.

[4] T. FREKE y P. GANDY, Jesús y

la Diosa Perdida, Barcelona 2006, pág. 62

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