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Los literalistas 12.

No obstante lo anterior, todavía había valientes, veamos un caso curioso que nos obrece BOIS[1]

            “El 15 de agosto de 1503, un «escolar» (un estudiante), Hémon du Fossé, de 22 años e, nacido en Abbeville, ayuda en una misa en la Saint-Chapelle, en el centro de París. En el momento que el sacerdote eleva la hostia, el joven se la arranca de las manos y la lanza al suelo, antes de huir. Atrapado al pie de las escaleras, es conducido a la Conciergerie. Allí es interrogado por «varios destacados doctores en teología» y después lo conducen ante l’ officialié de París (tribunal eclesiástico). Ante sus jueces, Hémon du Fossé repite que no se arrepiente de su acción y que está edispuesto a renovarla, «que no tenía ni quería tener la fe y la ley de Jesucristo y que había renunciado a ella hacía seis años, aunque había simulado ser un buen cristiano». Detenido durante trece días en la Conciergerie, rechaza «desistir de sus palabras». Entonces es condenado como hereje y entregado a la justicia secular (el Parlamento de París), que decide su pena: de entrada es arrastrado sobre un cañizo, desde la prisión hasta las escaleras de la Sainte-Chapelle; alli, dspués de haberlo instalado en una carreta, le cortan la mano derecha, antes de conducirlo al mercado de los cerdos donde es huemado vivo “sin querer detractarse de ninguna manera”. El relato que nos ha dejado el escribano encargado de las cuentas de la cofradía de Saint-Jacques, ciertamente, no debe tomarse al pie de la letra. Sin duda, no es del cristianismo de lo que el joven Hémon abjura con ocasión de este trágico episodio. Una vez más, el verdadero blanco es la función del sacerdote en su práctica sacramental. Y el gesto, extremo por su alcance simbólico, es revelador de la gravedad de las fracturas provocadas por la imagen cada vez más degradada de una Iglesia duramente afectada por la tormenta del final de la Edad Media e incapaz de reformarse”.

            

¿Nos podemos confiar de un sistema que impide a la gente criticar a los que lo dirigen? Ciertamente, la religión es una interioridad que se exterioriza, es una comunicación con un Ser que no se Conoce pero que se admite su existencia por un impulso interior de eternidad que el hombre ha conservado desde que creó los primeros dioses para explicar los hechos terribles o felices de su vida. A las alturas de la historia, el hecho básico es que la iglesia, durante prácticamente toda su historia, ha sido incapaz de adaptarse a la evolución del hombre, y lo ha sido porque era una iglesia claramente literalista, que utilizó una historia concreta de un momento concreto, una historia que no tenía ninguna fundamentación real, para convertir a la gente en esclavos.

            Rompemos los dogmas, buscamos una verdad común, y nuestro lastre universal, la iglesia que excluyó textos espirituales de los textos elegidos para ser el mensaje del Cristo entendido como una idea conceptualmente espiritual, decide convertir en hombre a Dios y mantener la farsa hasta el punto de acabar con aquellos que dan a entender los problemas que genera dicha actuación. Es más, incluso se llega a acabar con todos aquellos que admitiendo la base fundamental, no están de acuerdo con el ejericico del poder que están realizando los ministros de la iglesia.

            En un Estado democrático, cuando el pueblo no está deacuerdo con la ideología o con la forma de ejercer el gobierno de un partido elegido democráticamente, en las siguientes elecciones no le votan, y toman otra opción política que les permita ir hacia donde la gente quiere llegar. Pero en la iglesia la cosa es más complicada. Allí, aunque muchos cristianos de corazón ven que el ejercicio del ministerio y del poder están acabando con la propia filosofía y la palabra de Cristo, no pueden cambiar a los dirigentes, y son ellos los que deben salirse de la congregación.

            Vamos, lo más normal del mundo. Estamos diciendo que los accionistas de una empresa, aunque sean mayoría, no pueden hacer nada para cambiar al Consejo de Administración o al Presidente. Como todo el mundo puede comprender, ese es el gran problema actual de la iglesia. Por eso cada vez tiene menos practicantes, porque, utilizando términos economicistas, al final, uno invierte su dinero donde quiere, y cuando se le dice que su inversión no producirá ningún rendimiento, y que a partir de ese momento deberá respetar todo lo que digan los directivos, entonces, cualquier accionista vendería sus acciones de inmediato para acudir a una empresa que se gestionase mejor.

             Lo más graves es que, a fecha de hoy, no parece que haya habido un intento de cambio por parte de nadie, y menos aún por parte de la iglesia católica apostólica y romana, que se lleva la palma a la hora de establecer limitaciones y extrañas reglas que sólo se pueden romper cuando ellos lo desean.


[1] G. BOIS, La Gran depresión medieval Sglos XIV y XV, Valencia 2001, pág. 141.

Los literalistas 11.

Si seguimos de esta forma, y como vemos cuando hablamos de la manipulación de textos de contenido religioso, a la Iglesia católica no le duelen prendas de mentir, engañar y falsificar diferentes documentos al objeto de conseguir sus objetivos, concretamente al objeto de conseguir que toda la historia dirija a los hombres a la creencia de la existencia de un Dios encarnado que se transfiguró para convertirse en el salvador de un pecado original que era cargado sobre los hombros de cualquier ser humano recien nacido por el hecho de nacer, con independencia de su propia bondad o maldad.

            Estamos ante la mentira más grande jamás contada, una mentira que se ha ido agrandando según se han ido uniendo personajes a la trama. Al principio se crea el pecado original para someter a la gente, luego los descendientes de los pecaminosos son pecadores no se sabe muy bien el motivo, y luego el pecado sigue campando por el mundo dado que los que representan la liberación califican todo de pecado. Formidable.

            Resulta curioso el discurso propio de la Iglesia desde su nacimiento. Para ella la humanidad pecadora sólo cosecha lo que merece. El hombre es malo, el mundo es malo: éstas son las verdaderas razones de las desdichas. Así se estableció un proceso de culpabilización de los fieles que continuó hasta el fin de las guerras de religión. Las órdenes mendicantes, especialmente los dominicos, fueron los principales protagonistas de esta repesión espiritual centrada en la indispensable penitencia. Constituían un verdadero cuerpo de profesionales de la palabra. Su arma favorita, la predicación. Llamados por los curas, intervenían cada vez más a menudo en las iglesias parroquiales. Tambien solicitados y retribuidos por la autoridad urbana, emprendían giras de predicación extraordinarias, dando libre curso a su elocuencia inflamada. El otro insturmento es la introducción del sacramento de la penitencia. Uno nunca se culpabilizaría bastante para escapar del castigo de un Dios tan implacable. Los manuales de confesión, un género que invade la literatura clerical, apelan a un examen de conciencia siempre más riguroso, preciso en la identificación de los pecados cometidos, en delimitar las circunstancias que los han envuelto, en desbaratar las múltiples trampas del Maligno. Asimismo se generaba una clara dramatización de la muerte. Las famosas “danzas macábras”, pintadas en tantos muros en el momento más duro de la crisis (siempre a iniciativa de los mendicantes), participaban de esa pastoral de terror al mantener bajo la mirada de los fieles la imagen horrorosa de la muerte. El segundo gran tema concierne al pecado, o más bien a los pecados. Estos son analizados, clasificados, jerarquizados: el sistema de los siete pecados capitales ocupa entonces un lugar preferente en las mentalidades colectivas y se convierte en un tema iconográfico. Finalmente, están las sanciones sin las que esta ofensiva perdería su carácter operativo. Con el infierno en el centro, invadido por el fuego, tan insoportable corporal como físicamente. El mismo purgatorio es infernalizado[1].

            Imaginemos a personas sin apenas cultura, que trabajan de sol a sol obteniendo apenas para comer, y presionadas por todas partes, por sus señores que les piden más dinero, por el Rey y sus impuestos, por la iglesia y la cantidad de pecados y de prohibiciones que iba añadiendo a la vida diaria. Lo raro es que no hubiera habido más suicidios en aquella época de horror. Ante tanta presión externa no había resistencia posible, sólo admitir la culpa de manera genérica y aceptar la penitencia y las obligaciones impuestas.



 


[1] G. BOIS, La Gran Depresión Medieval: Siglos XIV-XV, Valencia 2001, pág. 138 – 139.

Los literalistas 10.

Tenemos una idea algo sentimental del autosacrificio, cuya calidad es muy estimada por el vulgo y es la esencia del cristianismo popular. Es el sacrificio del fuerte ante el débil. Esto atenta totalmente contra las leyes de la evolución. Cualquier nación que haga esto sistemáticarnente y en un grado lo suficientemente amplio, simplemente se destruye. El sacrificio es en vano: los débiles no han de salvarse. Téngase en cuenta la acción de Zanoni al caminar sobre el andamio para salvar a la estúpida de su esposa. El gesto era magnífico, era una prueba de su gran valentía y fuerza moral, pero si todos actuásemos según dicho principio la raza se deterioraría y desaparecería[1].

He aquí un conflicto entre la moralidad privada y pública. No deberíamos proteger a los débiles ni a los viciosos de las consecuencias de su inferioridad. Al hacerlo, perpetuamos los elemen- tos de disolución en nuestro cuerpo social. Mejor deberíamos ayudar a la naturaleza sometiendo a cada recién llegado a las más rigurosas pruebas para determinar su capacidad de intervenir en su entorno. La raza humana creció en estatura e inteligencia tanto cuanto la capacidad individual ganó en seguridad, de modo que los más fuertes e inteligentes fueron capaces de reproducirse en las mejores condiciones. Pero cuando la seguridad fue general, mediante el altruismo los más bajos fueron a menudo el linaje de los más fuertes[2].

La vida se convierte en una lotería en la que el hombre, por ser el mejor, no va a conseguir, ni por asomo, en ningún momento, algo importante para él o para su familia, porque lo que importa es que uno se entregue al sistema de equilibrio creado por las fuerzas morales y religiosas, fuerzas que acaban controlando todo, acaban entregando el poder a los débiles sobre los más fuertes y preparados.

            De esta forma, la vida más bella sólo parece asequible en el más allá, sólo puede ser un desprendimiento de todo lo terrenal[3]. El placer era pecaminoso, como lo sigue siendo ahora, como lo seguirá siendo mientras la gente se someta a la constante sumisión cristiana, que le lleva a dejar de desear y de sentir lo que, en verdad, los perfectos hombres podemos y debemos sentir.

            Desde otra perspectiva, los doctores de la Iglesia del siglo III tales como Clemente, Hipólito o Orígenes, se ocupan de forma fundamental de la rendición como victoria contra las potencias demoniacas que tienen cautivas a la humanidad. Se relaciona primeramente con la lucha contra el paganismo considerado como culto tributado a los demónios. Se enraíza luego en la liturgia bautismal considerada como ruptura con Satán, a modo de antítesis del pecado del primer Adán. Finalmente se concecta con ciertos motivos recurrentes del Nuevo Testamento. Así, por ejemplo, Clemente presenta la caída original a modo de una esclavitud por la que Adán, desde los orígenes, cayó bajo el poder del demonio. Inmediatamente después del a caída, el Verbo de Dios empieza a actuar con vistas a liberar al hombre cautivo[4].

            Todo el esquema es perfecto desde el punto de vista de la lógica cristiana. El mal, que es independiente del demiurgo, acecha al hombre porque Adán tomó la fruta del bien y del mal. Esto es una metáfora extraordinaria. El conocimiento del hombre supondría de esta forma su comunión con el maligno, pues ese es el sentido del propio árbol del bien y del mal, la obtención del conocimiento del hombre, la consecución de la capacidad racional del hombre. Con ello el literalismo niega de forma absoluta la posibilidad del hombre de ser racional, dado que la racionalidad ha nacido de un pecado, del primer pecado. Como ustedes comprenderan esto no es sino una barbaridad, un rechazo a la propia naturaleza humana, y una construcción ficticia para impedir que el hombre piense y siga investigando, cultivándose.

             Por eso Clemente[5] se atreve a decir:“El Señor nos rescata por su sangre preciosa, liberándonos de nuestros antiguos amos, los crueles pecados, por los que los espíritus de iniquidad reinaban sobre nosotros. Nos conduce a la libertad del Padre, a participar en su herencia como hijos y amigos”.           

De la misma forma, Hipólito señala, en un pasaje sobre Juan el Bautista:“Ha sido en todo precursor y heraldo de Nuestro Salvador, anunciando a todos los hombres la luz del cielo venida a este mundo. Fue su precursor en el seno de su madre y saltó de alegría al ver al Verbo de Dios concebido en el seno de la Virgen Santa; después de esto, en el Jordán, señala al salvador de Israel y dice: Este es el cordero de Dios. Fue también él quien primero evangelizó a los que están en el Hades, después de muerto por Herodes, precursor también en esto, significando que el Salvador estaba a punto de llegar allí también, para liberar a las almas de los justos del poder de la muerte”.


[1] A. CROWLEY, “Las confesiones de Aleister Crowley”, en El Continente perdido y otros ensayos, Madrid 2001, pág. 121.

[2] A. CROWLEY, “Las confesiones de Aleister Crowley”, en El Continente perdido y otros ensayos, Madrid 2001, pág. 121.

[3] J. HUZINGA, El otoño de la Edad Media, Madrid 2001, pág. 50.

[4] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 181 – 182.

[5] CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Eclogae, 20.

Los literalistas 8.

Vamos, un grupo entrañable de hombres de fe deciden, teniendo en cuenta sus propios pensamientos sin contar con los demás, que las ideas mejores para determinar la fe en Cristo es excluir las ideas que, en muchos casos, coinciden de forma radical, de otros, simplemente por el hecho de añadir nuevas versiones o situaciones que engrandecen el mensaje. 

          Escapar, dejar de lado lo que podría haber sido una iglesia multidisciplinaria, que contara con el visto bueno de todos los pensadores del momento, era la única vía que tenían los recalcitrantes para imponer su poder de tal forma que excluyeran ideas que ellos consideraban pecaminosas, como la prédica de las mujeres, por ejemplo, que fue, poco a poco, eliminada y obviada.

            Ehrman[1] ya ha señalado que:

El partido victorioso reescribió la historia de la controversia para que pareciera que nunca había habido realmente conflicto y que sus propias opiniones habían sido siempre las de la mayoría de los cristianos en todo tiempo y lugar, remontándose a la época de Jesús y sus apóstoles, y que su punto de vista, de hecho, siem- pre había sido «ortodoxo» (es decir, «correcta opinión») y que sus adversarios en el conflicto, y sus escrituras, habían sido siempre pequeñas facciones disidentes dedicadas a engañar a la gente y conducirla a la «herejía» (lo que literalmente significa «elección», un hereje es aquel que voluntariamente elige no creer en lo correcto)”.

 

             Lo que el cristianismo ganó al final de esos primeros conflictos fue un sentimiento de confianza en que era y siempre había sido «correcto». También ganó un credo, que todavía recitan los cristianos de nuestros días, en el cual se afirman las creencias correctas en oposición a las heréticas y equivocadas. En este sentido, también ganó una teología, incluida la idea de que Cristo es completamente divino y completamente humano al mismo tiempo, y una doctrina de la Trinidad, que sostiene que Dios es tres personas -Padre, Hijo y Espíritu Santo- distintas en número pero idénticas en sustancia. Además, ganó una jerarquía de líderes eclesiásticos que dirigirían la Iglesia y garantizarían su fidelidad a las creencias y practicas apropiadas. y ganó un canon de Sagradas Escrituras, el Nuevo Testamento, que incluía veintisiete libros que apoyaban la imagen de la Iglesia de esos líderes y su entendimiento de la doctrina, ética y culto cristianos[2].


[1] B. D. EHRMAN, Cristianos perdidos. Los credos proscritos del Nuevo Testamento, Barcelona 2004, pág. 22. 

[2] Ibidem.

Los literalistas 6.

Una de las preguntas recurrentes sobre

la Biblia hace referencia al carácter sagrado de los textos: ¿cuándo, quién y cómo se decidió que los escritos fueron revelados por Dios? Es evidente que la revelación divina los convierte en un libro inspirado y sagrado. El tema es complejo y suele dividir a los expertos. Por lo pronto, entre los judíos y en las iglesias cristianas -tanto la católica como la protestante-, la llamada «revelación», no se entiende como si Dios hubiese dictado sus textos a los autores de

la Biblia, a diferencia, por ejemplo, del islamismo. Los musulmanes sí defienden que el Corán, que es su Biblia, fue dictado palabra por palabra por Alá a su profeta Mahoma. Por eso no se puede modificar ni corregir ni una coma del texto. El concepto de revelación y de inspiración con respecto a

la Biblia judía ya la católica es más amplio. Ni siquiera los rabinos o los teólogos católicos más conservadores son hoy capaces de imaginarse a Dios sentado en una nube dic- tando a los autores de

la Biblia sus textos. Los autores eran hombres que escribían sin saber si estaban inspirados o no. Sólo en algunos casos -los profetas, por ejemplo- afirmaban que escribían bajo cierto influjo divino, pero ni aun en esos casos admitieron nunca recibir sus palabras al dictado de ningún Dios
[1].

 

            En el ambiente literalista imperante, la obra de Cristo al venir a la tierra consiste principalmente en liberar a la humanidad de la tiranía que el demonio le hacía sufrir desde Adan[2], que se expresaba principalmente a través de la idolatría. Es esencialmente la pasión de Cristo la que destruye la potencia del demonio. Es éste un tema fundamental enJustino: «El Padre de Cristo le otorgó un poder tal que los demonios quedan sometidos a su nombre y a la economía de su pasión»[3],[4].

 

            Al aceptar el cristianismo como una realidad, también es necesario que asumamos que, para que «su» importante mensaje surtiera efecto, «Dios» vino a la tierra en un área remota del mundo antiguo y habló el muy oscuro idioma arameo, en vez del griego o latín, más utilizados universalmente. También debemos estar preparados para creer que ahora hay un hombre invisible de una etnia particular flotando omnipresente en el cielo. Además, se nos pide que ridiculicemos y despreciemos como ficciones las leyendas e historias casi idénticas de muchas otras culturas, mientras recibimos alegremente la fábula cristiana como un hecho[5].

 

            Todo es cuestión de fe. Para Jung, se está de acuerdo, en general, en que la fe incluye un sacrificium intellectus (sacrificio del intelecto), siempre, claro está, que exista un intelecto que sacrificar[6].

 

            Se plantea que Cristo nació por voluntad de Dios Padre para la salvación de los creyentes y la ruina de los demonIos. Hay en todo el mundo y en vuestra demonio en el nombre de Jesucristo crucificado bajo Poncio Pilato, hemos curado y seguimos curando todavía hoya muchos, expulsando a los demonios de los hombres a los que poseen[7].

 

            De esta forma, de forma incoherente, el hombre debe soportar la elección de unos pocos sobre su futuro, sin poder elegir la idolatría como sistema, idolatría que no es tal, sino creencia en algo diferente, porque el concepto de idolatría pretende determinar que el hombre que cree en lo diferente sabe que está equivocado, cuando la verdad es muy distinta, el hombre que cree diferente puede o no puede estar equivocado, pero ese no es el problema del cristiano, es el problema del hombre libre.

             Se pretende imponer una religión a base de golpes, a base de limitaciones innecesarias y abusivas, y, además, se convierte a todo el que piensa diferente en materia religiosa e, incluso, política, en un idólatra que debe ser convertido o, necesariamente, destruido.


[1] J. ARIAS,

La Biblia y sus secretos, Madrid 2004, pág. 97.

 

[2] JUSTINO, Diálogo, xlv.4.

 

[3] JUSTINO, Diálogo, xxx.3.

 

[4] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 164.

 

[5] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 47. 

[6] S. A. HOELLER, Jung y los evangelios perdidos, Barcelona 2005, pág. 26. 

[7] JUSTINO, II Apología,vi.5.

 

El Primer Cristo XIX.

La elaboración de una doctrina del Verbo es una tarea esencial de la teologóa patrística desde los apologistas hasta el Concilio de Nicea. Pero la formulación correcta de las relaciones del Padre con el Verbo y el Espírituo Santo era una tarea compleja que no quedaría reematada hasa el siglo IV[1].

 

            Teófilo señala que “Dios, que tenía su Verbo inmanente en su seno, lo engendró con su Sabiduría (= el Espíritu Santo) antes de todas las cosas. Tuvo a este Verbo como ministro de todas sus obras y por él lo hizo todo (ii,10). Y más adelante: «El Verbo de Dios es también su Hijo, no en el sentido en que los poetas dicen que los hijos de dios nacen de uniones carnales, sino conforme a lo que la verdad enseña del Verbo que existe siempre inmanente en el corazón del Padre. Antes de que nada existiera, el Padre lo tenía como consejero, pues es su espíritu y su pensamiento. Pero cuando Dios quiso realizar lo que tenía decidido, engendró este Verbo exteriormente como primogénito de toda criatura, sin quedar él mismo priva- do del Verbo y sin dejar nunca de conversar con el Verbo» (ii,22)[2].

 

            Ahora bien, el Hijo no salió de la nada, como el resto de las criaturas, sino que fue engendrado de la sustancia del Padre. Es llo que dice Justino: “El Verbo de Dios, es engendrado de Dios dem manera propia, de modo distinto que la creación ordinaria”[3].

 

            Y esta es la síntesis de la idea, En una evolución ideológica, colocar al Cristo como Dios provoca que deba emanar del propio Dios, y exige un tratamiento desigual con el resto de las criaturas, a la vez que produce enormes quebraderos de cabeza a todos los pensadores y apologetas del cristianismo, que deben equilibrar su conocimiento con el absoluto problema de determinar lo uno en trino y lo trino en uno.

 

            De esta forma, el Verbo nace porque Dios es incognoscible (Clemente) y es necesario un acercamiento hacia el hombre, creando un intermedio que cierre la teoría sin que nadie quede con el culo al aire.

 

            Pero la creación o concepción del hijo hace que dicho acto sea el primer acto porque el que Dios limita su infinitud (Clemente). Entonces rompemos el sistema para introducir un extraño en el sistema. Nos volvemos locos, nos dejan sin palabras. El Hijo de Dios supone la primera limitación de Dios que, por esencia, es ilimitado. Entonces quíen es ese Dios que acaba limitado, el Creador, y el ilimitado Universo donde queda. ¿El conocimiento también se limita?.

 

            Para Origenes el Hijo es la imagen del Dios invisible. Esta imagen comprende la unidad de la naturaleza y de la sustancia del Padre y del Hijo[4]. Esto, en esencia, puede tener un poco más de sentido, porque el Hijo sería el reflejo de la imagen en la pared de la cueva, única forma de comprender la imagen de un Dios que es invisible para los hombres. Siendo, asimismo, una realidad que se cuela dentro de la irrealidad de las imágenes para que el hombre llegue donde no ha llegado nunca.

 

            Pero se siguen produciendo problemas de interreralación entre el sistema descrito y el pensamiento consciente humano, de aquella época y de la nuestra. Por eso tantas herejías, tantos pensamientos fuera de contexto, porque uno y lo mismo no son lo mismo, al quedar diferenciados por el lugar esencial donde colocan sus efectos directos, dentro y fuera del mundo del hombre.

  

            Lo peor es que, al final, el espíritu de Dios no está en todos, sino que ha descendido sólo sobre algunos, los que viven justamente, a cuyas almas se ha unido y ha anunciado a las demás almas mediante sus predicciones de cosas ocultas[5].

 

            Al final la igualdad desaparece de forma absoluta, porque no interesa a nadie. Se pretende crear una élite específica que determine lo que es Dios, lo que supone creer, y hasta donde se puede llegar, y que también determine quien es más cercano al Señor por formar parte de él al tener alma, cosa que no pertenece a casi nadie.

 

            En el fondo, la doctrina debe ser la contraria, porque la base de una creencia absoluta en una divinidad creadora se basamente específicamente en que todo lo que hay en el universo forma parte de esa creación, por lo que aquellos seres susceptibles de tener alma la tienen, y comparten su centro con el alma del Creador. Si esto no es así, entonces rompemos la baraja, porque creamos élites a base de crear personas con más derechos que otras al controlar el conocimiento.

 

            En este estrado de las ideas, el Espíritu Santo sería el nexo entre el Alma del Creador y el alma de los hombres, espero que de todos los hombres, aunque, entonces, complicamos la trinidad y unidad de forma sospechosa. Necesitamos de forma urgente que una idea sea la idea esencial, la idea de un esquema creacional en la que no se mezclen fuerzas y personajes para explicar lo inexplicado.

 

            La cuestión es que se puede explicar la realidad de Jesún de una forma más mundana, algo que, tal vez, suponga la destrucción total de la mentira creada por

la Iglesia.

 

El encargo de helenización bajo Antíoco fue liderado por el Jesús zadokita «modernista», un «sabio de Jerusalén», y se opuso a ella el Matatías asmoneo/macabeo y sus hijos, uno de los cuales se llamaba Judas. Esta historia sirvió como prototipo para el drama del Evangelio, con un Jesús que intentaba revocar la religión de Judea introduciendo una influencia «extranjera» y que fue detenido por Judas en alianza con los tradicionalistas. En esta historia y en el relato del Evangelio, de hecho, se encuentra la rivalidad continua ente Israel y Judá. Además, después del destronamiento por parte de los macabeos, muchos de los zadokitas restantes de Jerusalén se esparcieron, algunos por Siria, Galilea y Samaria y otros por Egipto, donde el sumo sacerdote zadokita Onias IV, «en directa infracción de la ley bíblica erigió un templo judío en Leontópolis con la bendición del rey Ptolomeo Filómetro (182- 146 a.C.)»[6] un acto que evidentemente escandalizó al sacerdocio palestino y amplió las desavenencias[7].

 

En la historia de la sublevación macabea hay de hecho un Jesús que puede considerarse el «maestro de rectitud» encontrado en los manuscritos zadokitas. Sin embargo, el término «maestro de rectitud» es un título que podría aplicarse a una serie de individuos, pasados, presentes y futuros. «Maestro de rectitud» podría también traducirse como el «maestro de Zadok», o «Zedek» y, viceversa, los «hijos de Zadok» podtían llamarse hijos de la rectitud” [8].

 

Como se señaló antes, los «hijos de Zadok» eran los sumos sacerdotes, los únicos a los que se les permitía ir a la parte norte del templo para ofrecer la quema de ofrendas. La ofrenda de fuego es una maca del culto de Zadok, que, como hemos visto, se reivindica en el documento zadokita. Se ha demostrado que el culto de Molech era el mismo que el de la orden de Melquisedec, cuyo nombre «Rey de Rectitud» también podría escribirse como «rey de Zadok». Como era de esperar, Melquisedec tiene un importante papel en la literatura zadokita. En uno de los manuscritos (II QMelch), se representa a Melquisedec como el «rey salvador que llevará la paz y la salvación a los creyentes y el merecido castigo a los malvados y quien también mediará por el perdón divino para los primeros en el Día del Juicio Final»[9]:

 

“Y Melquisedec vindicará la venganza de los juicios de Dios… los reinos de tus Elohim… y Tu Elohim es Melquisedec….”.

  

En sus escritos, los zadokitas están seguros de la venida de la era mesiánica y el advenimiento de un «niño prodigioso» que sería precoz a la edad de dos o tres años y deslumbraría a los ancianos, lo mismo que se cuenta tradicionalmente de Jesús. Como dice Gaster del tratado que él llama «El Niño Prodigioso»[10]:

 

            Es una predicción (un erudito la ha llamado un horóscopo) del nacimiento de un niño prodigioso, caracterizado como «el elegido de Dios», y de eventos que sobre vendrían después. El niño tendría (como Krishna y Buda) marcas especiales en su cuerpo, y se distinguiría por su sabiduría e inteligencia precoces. Sería capaz de demostrar los secretos de todas las criaturas vivientes, y ninguna treta contra él tendría éxito”[11].

            

La conexión entre los zadokitas y el cristianismo también se hace evidente por una serie de conceptos y términos, tales como el «Espíritu Santo», «Salvación», «hijos de la Luz», y <dos Elegidos», un término usado también por los mandeístas/nazarenos. Hay igualmente una conexión entre el libro de Juan el Bautista de los mandeístas y el Génesis apócrifo encontrado en el Mar Muerto[12].  

 

           Unos pocos años después de la supuesta muerte de Jesús, encontramos comunidades cristianas por todo el Mediterráneo oriental, siendo desconocidos sus fundadores. Pablo posiblemente no podría contar todos los centros cristianos a lo largo del Imperio; muchos existían ya antes de que él llegara allí. ..Una forma de fe cristiana posteriormente declarada herética, el gnosticismo, precedió claramente al establecimiento de creencias e iglesias orto- doxas en áreas completas como el norte de Siria y Egipto. En efecto, la absoluta variedad de expresiones cristianas y su competitividad en el siglo I, como se revela en docu- mentos tanto del Nuevo Testamento como de fuera, es inexplicable si todo procediese de un solo movimiento misionero que empezó de una sola fuente. ..Pablo encuentra rivales en cada esquina que interfieren con su trabajo, cuyas opiniones él intenta combatir. Los «falsos apóstoles» a los que vitupera en 2 Corintios 10 y 11 están «proclamando a otro Jesús», y ciertamente no son del grupo de Pedro. ¿De dónde vienen todos y de dónde proceden sus ideas? La respuesta parece inevitable: el cristianismo nació en mil lugares, en el fértil suelo del judaísmo helenístico. Brotó en muchas comunidades y sectas independientes, expresándose en una gran diversidad de doctrinas[13].


[1] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 335.[2] Ibidem., pág. 343.

[3] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 344.

[4] Ibidem., pág. 364.

[5] Ibidem., pág. 377.

[6] G. VERMES, Los manuscritos del Mar Muerto, 1980, pág. 22. 

[7] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 488. 

[8] Ibidem. 

[9] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 489. 

[10] Ibidem., pág. 494. 

[11] T. GASTER, The

Dead Sea Scriptures, 1976.

 

[12] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 495. 

[13] The Jesus Puzzle, Net.Cfr., ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 500 – 501. 

El primer Cristo XI.

En los Evangelios el propio Jesús incurre en algunas contradicciones ilógicas relativas a algunas de sus más importantes enseñanzas. Primero declara que ha sido enviado sólo «para la oveja perdida de Israel» y prohíbe a sus discípulos predicar a los gentiles. Después se le hace decir: «Marchad en consecuencia, y enseñad a todas las naciones. ..»[1].

 

A pesar de este hecho, sin embargo, básicamente no hay referencias no bíblicas a un Jesús histórico en ningún historiador conocido ni durante ni después de la supuesta venida de Jesús. Como dice Walker: «Ninguna persona culta de su época le menciona en ningún escrito». El eminente historiador y filósofo judío helenista Filón (20 a.C.-50 d.C.), vivo en el supuesto tiempo de Jesús, guarda silencio sobre el tema del gran hacedor de milagros y agitador judío que levantó la ira de Roma y Judea. Tampoco son mencionados Jesús ni sus seguidores por ninguno de los cuarenta historiadores que escribieron durante los siglos I y II de la era cristiana, incluyendo a Plutarco, el biógrafo romano, que vivió en la misma época (46-120 d.C.) y en el mismo lugar donde supuestamente los cristianos eran multitud, sin embargo no les menciona, ni a su fundador, ni a su religión[2].

 

Como se ha demostrado, los registros históricos y arqueológicos no logran proporcionar ninguna evidencia de que la historia del Nuevo Testamento sea cierta[3]. Ni tampoco sostienen las historias principales del Antiguo Testamento, de forma que tampoco queda confirmado que la religión cristiana está, como se supone, basada en ellas. De hecho, la propia noción del Dios monoteísta hebreo, que pretendidamente se representa en el Antiguo Testamento, que pudo tener un hijo, no tiene fundamento[4].

 

 Conocemos la apocalíptica judía gracias a varias fuentes judías antiguas. Los primeros testimonios se encuentran en algunos de los últimos escritos de la Biblia hebrea, especialmente el libro de Daniel, que los estudiosos datan en tiempos de la rebelión macabea. La apocalíptica ocupa así mismo un lugar destacado en los manuscritos el Mar Muerto, los escritos de la comunidad esenia de Qumrán procedentes de un tiempo próximo al de Jesús; Además, se encuentra en otros escritos judíos que no entraron en el canon de la Biblia; se trata de libros llamados «Apocalipsis» porque sus autores afirman que les había sido «revelado» el verdadero curso de los acontecimientos futuros. La mayoría de los antiguos judíos creían que Dios había hecho una alianza con su pueblo para ser su protector divino si se entregaban a él mediante la observancia de su Ley. Naturalmente este punto se vio puesto en tela de juicio por la historia política de Palestina. Si Dios había prometido proteger y defender a Israel contra sus enemigos, ¿por qué era constantemente dominado por extranjeros? ¿Por qué había sido conquistado sucesivamente por los asirios, los babilonios, los persas, los griegos, los sirios y los romanos? ¿Cómo podían los judíos pretender que Dios estaba de su parte, los protegía y los defendía si eran constantemente oprimidos. Una de las respuestas populares la dieron los antiguos profetas judíos, incluidos aquellos cuyos escritos entraron más tarde en el canon de la Biblia hebrea, profetas como Isaías, Jeremías, Amós y Oseas. Según estos autores, Israel continuaba sufriendo reveses militares y políticos porque había desobedecido a Dios. Él era aún su Dios y seguía siendo el rey todopoderoso del mundo, capaz de determinar el curso de los acontecimientos humanos. Pero el pueblo de Israel había pecado contra él y las derrotas militares y los desastres económicos representaban el castigo de Dios por sus pecados. Según los profetas, si el pueblo volvía a los caminos de Dios y de nuevo guardaba piadosamente su Ley, él se arrepentiría y los establecería de nuevo como un poder soberano en su propia tierra[5].


[1] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 92. 

[2] Ibidem., pág. 98. 

[3] Ver, J. ARIAS, La Biblia y sus secretos, Madrid 2004, pág. 28 ss.

[4] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 159. 

[5] B. D. EHRMAN, Jesús, el profeta judío apocalíptico, Barcelona 2001, pág. 155 – 156.

La fe cristiana IV.

            Si nos fijamos en los principios de los shivaítas[1]:

            1.- Los Veda son escrituras sagradas, las más antiguas del mundo. Estos himnos son la pa.labra divina y la base del hinduismo.

            2.- Existe un Ser Supremo inmanente y trascendente, que es a la vez creador y creación y que es todo lo que existe.

            3.- El universo está sujeto a ciclos infinitos de creación, preservación y disolución.

            4.- Todo en el universo está sujeto al karma, a la ley de causa y efecto mediante la cual cada ser individual crea su propio destino a través de su pensamiento, sus palabras y sus acciones.

            5.- Las almas encarnan en diferentes nacimientos hasta que todos los seres han cumplido su karma y han conseguido el conocimiento espiritual y la liberación del ciclo de existencias.

            6.- Los seres divinos existen en mundos que no conocemos y podemos entrar en contacto con ellos mediante la adoración en los templos, los ritmos y los sacramentos y la devoción personal.

            7.- Para la evolución espiritual son esenciales las directrices de un maestro, asi coma la disciplina personal, la buena conducta, la puriflcación, los ritos y la meditación.

            8.- Toda la vida en todas sus formas es sagrada y ha de ser respetada y reverenciada.

            9.- Ninguna religión es la única verdadera. Todas sirven para mostrar el camino y todas merecen respeto y reverencia.

            Si verdaderamente vemos las comparaciones, descubrimos que, en el fondo, el espíritu es el mismo, incluso mejor, porque reconoce que ninguna religión es la única verdadera, que todas sirven para mostrar el camino, con lo que se crea un diálogo perpetuo entre religiones que permite la perfección del hombre.

            Ese es el gran problema. La negación del otro, del contrario, del considerado oponente, porque eso es lo que se pretende, evitar que el que piensa diferente pueda conseguir convencer a los demás de que, en el fondo, tiene razón. El temor de las religiones se fundamenta en la inseguridad que sienten sobre su propia verdad, dado que temen que no sea del todo cierta, por eso evitan que otros vayan en otras direcciones, que cojan otros caminos, porque puede que encuentren lo que ellos buscaban. A ese nivel, la fe en Shiva está por encima de muchas otras corrientes, porque admiten directamente la posibilidad de que todas las demás religiones puedan llevar al mismo sitio.

            El poder, la sola verdad inamovible, ha matado a mas personas que cualquier enfermedad. Por eso creo que es conveniente dar una nueva vuelta de tuerca a lo que creemos o pensamos, y llegar a una conclusión lógica, la verdad es multidireccional, es un caleidoscopio, y no se puede poseer toda la verdad. Una sola persona no puede tener la verdad del universo en su mente y creerse superior a los demás.

            En nuestra cultura, el mejor ejemplo de este tipo de representación es el Antiguo Testamento, que narra situaciones históricas como si se tratara de situaciones concretas de personajes de carne y hueso. Las demás culturas tienen también sus mitos y sus historias sagradas, muchas de las cuales coinciden con la Biblia[2].

            No podemos ni debemos olvidar que, en el fondo, la Biblia es la recopilación de historias propias mezcladas con historias ajenas y con mitología de todos los lugares donde los judíos se asentaron, ya voluntariamente, ya obligatoriamente, por haber sido convertidos en esclavos después de perder la guerra.

            Negar los parecidos razonables de ciertas historias, incluido el Génesis o el diluvio universal, es negar que la humanidad tiende a un mismo patrón religiosos cuando va avanzando en la sociabilidad y se van mezclando las ideas, porque las ideas de unos, aunque rechazadas al principio, siempre acabarán  en la fe de los otros, porque toda la estructura de la religión, con su ansia de poder absoluto sobre el hombre, no puede permitirse el lujo de perder una herramienta del sistema por que provenga de otro, es mucho más sencillo robar la idea, copiarla, y decir que es sólo suya.

            Renunciar así a la riqueza de los pensamientos es contraproducente para la Iglesia, aunque algunas ideas de mayor calado, que chocaban frontralmente con la propia base de la concepción religiosa, no sólo tuvieron que ser olvidadas, sino que sus sacerdotes y creyentes tuvieron que ser destruidos por completo, al igual que sus textos, porque esos textos suponían un pensamiento diferente que podría llevar a la gente a pensar que las ideas contrarias eran mejores que las propias.

            El propio Justino destaca las semejanzas entre ciertos mitos griegos y los misterios de Cristo. En unos y en otros aparecen los nacimientos virginales, las pasiones, las ascensiones. Él lo explica por el hecho de que los misterios de Cristo fueron anunciados por los profetas, a través de los cuales llegaron a conocerlos los griegos[3].

             Es un golpe en toda la línea de flotación de la lógica, pues las historias griegas nacieron con anterioridad a las judías, aunque hay que reconocer que ámbas tenían fuentes comunes, pero la judía no era la fuente de la griega, sino que, al contrario, sería más simple advertir las semejanzas viendo como se copia funestamente de la mitología griega y egipcia para conseguir dar forma a un nuevo mito judío, un mito que se lanza, en absoluta tromba, a la construcción de una tradición cristiana basada en los otros pero independiente por extraño designio propio.


[1] E. GALLUD JARDIEL, Shiva, el Dios de los mil nombres, Madrid 2001, pág. 155.

[2] A. MARTOS. Pablo de Tarso ¿Apóstol o hereje?, Madrid 2007, pág. 35.

[3] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 85.

Palabras de un maestro. A. Crowley.

Según el citado autor, en el “Libro 4″ deberíamos evitar toda retórica y deberíamos investigar, libres de cualquier perjuicio, el fenómeno que ocurrió con los grandes líderes religiosos de la humanidad.

Los métodos aconsejados por todos se parecen asombrosamente los unos con los otros. Se habla de virtud, ausencia de excitación, soledad, moderación en la dieta y meditación.

Al investigar el autor lo que significan estas cosas, encontramos que sólo son una ¿Para qué sirve el estado de la oración o la meditación? Para el comedimiento de la mente a un acto, estado o pensamiento único.

Al liberar la mente de las influencias externas, sean éstas emocionales o fortuitas, se obtiene la capacidad de ver algo de la verdad de las cosas. En ese momento el hombre es el amo de nuestra mente. Así, para A. C., nuestro tiempo de meditación debe tener prioridad sobre otras actividades.

Notas preliminares para el aprendiz II.

El aprendiz debe tener paciencia, no se puede conseguir todo en un sólo día, ni siquiera en toda una vida, si, obviamente, no se tiene intención de aprender.

La concentración es esencial, si el que intenta ser mago no consigue concentrar las fuerzas que tiene, y las de su entorno, en la actuación mágica, nada se puede hacer, estamos absolutamente perdidos.

Por ello la primera práctica del aprendiz es, necesariamente, dedicarse a meditar sobre lo que es, lo que quiere ser, y las fuerzas que tiene. Para ello, primeramente, debe vaciar su mente de todo, porque cuando la mente alcanza el vacio real, entonces el hombre puede conseguir lo que desea.