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Los literalistas 12.
4. Diciembre 2009 por admin.
No obstante lo anterior, todavía había valientes, veamos un caso curioso que nos obrece BOIS[1]:
“El 15 de agosto de 1503, un «escolar» (un estudiante), Hémon du Fossé, de 22 años e, nacido en Abbeville, ayuda en una misa en la Saint-Chapelle, en el centro de París. En el momento que el sacerdote eleva la hostia, el joven se la arranca de las manos y la lanza al suelo, antes de huir. Atrapado al pie de las escaleras, es conducido a la Conciergerie. Allí es interrogado por «varios destacados doctores en teología» y después lo conducen ante l’ officialié de París (tribunal eclesiástico). Ante sus jueces, Hémon du Fossé repite que no se arrepiente de su acción y que está edispuesto a renovarla, «que no tenía ni quería tener la fe y la ley de Jesucristo y que había renunciado a ella hacía seis años, aunque había simulado ser un buen cristiano». Detenido durante trece días en la Conciergerie, rechaza «desistir de sus palabras». Entonces es condenado como hereje y entregado a la justicia secular (el Parlamento de París), que decide su pena: de entrada es arrastrado sobre un cañizo, desde la prisión hasta las escaleras de la Sainte-Chapelle; alli, dspués de haberlo instalado en una carreta, le cortan la mano derecha, antes de conducirlo al mercado de los cerdos donde es huemado vivo “sin querer detractarse de ninguna manera”. El relato que nos ha dejado el escribano encargado de las cuentas de la cofradía de Saint-Jacques, ciertamente, no debe tomarse al pie de la letra. Sin duda, no es del cristianismo de lo que el joven Hémon abjura con ocasión de este trágico episodio. Una vez más, el verdadero blanco es la función del sacerdote en su práctica sacramental. Y el gesto, extremo por su alcance simbólico, es revelador de la gravedad de las fracturas provocadas por la imagen cada vez más degradada de una Iglesia duramente afectada por la tormenta del final de la Edad Media e incapaz de reformarse”.
¿Nos podemos confiar de un sistema que impide a la gente criticar a los que lo dirigen? Ciertamente, la religión es una interioridad que se exterioriza, es una comunicación con un Ser que no se Conoce pero que se admite su existencia por un impulso interior de eternidad que el hombre ha conservado desde que creó los primeros dioses para explicar los hechos terribles o felices de su vida. A las alturas de la historia, el hecho básico es que la iglesia, durante prácticamente toda su historia, ha sido incapaz de adaptarse a la evolución del hombre, y lo ha sido porque era una iglesia claramente literalista, que utilizó una historia concreta de un momento concreto, una historia que no tenía ninguna fundamentación real, para convertir a la gente en esclavos.
Rompemos los dogmas, buscamos una verdad común, y nuestro lastre universal, la iglesia que excluyó textos espirituales de los textos elegidos para ser el mensaje del Cristo entendido como una idea conceptualmente espiritual, decide convertir en hombre a Dios y mantener la farsa hasta el punto de acabar con aquellos que dan a entender los problemas que genera dicha actuación. Es más, incluso se llega a acabar con todos aquellos que admitiendo la base fundamental, no están de acuerdo con el ejericico del poder que están realizando los ministros de la iglesia.
En un Estado democrático, cuando el pueblo no está deacuerdo con la ideología o con la forma de ejercer el gobierno de un partido elegido democráticamente, en las siguientes elecciones no le votan, y toman otra opción política que les permita ir hacia donde la gente quiere llegar. Pero en la iglesia la cosa es más complicada. Allí, aunque muchos cristianos de corazón ven que el ejercicio del ministerio y del poder están acabando con la propia filosofía y la palabra de Cristo, no pueden cambiar a los dirigentes, y son ellos los que deben salirse de la congregación.
Vamos, lo más normal del mundo. Estamos diciendo que los accionistas de una empresa, aunque sean mayoría, no pueden hacer nada para cambiar al Consejo de Administración o al Presidente. Como todo el mundo puede comprender, ese es el gran problema actual de la iglesia. Por eso cada vez tiene menos practicantes, porque, utilizando términos economicistas, al final, uno invierte su dinero donde quiere, y cuando se le dice que su inversión no producirá ningún rendimiento, y que a partir de ese momento deberá respetar todo lo que digan los directivos, entonces, cualquier accionista vendería sus acciones de inmediato para acudir a una empresa que se gestionase mejor.
Lo más graves es que, a fecha de hoy, no parece que haya habido un intento de cambio por parte de nadie, y menos aún por parte de la iglesia católica apostólica y romana, que se lleva la palma a la hora de establecer limitaciones y extrañas reglas que sólo se pueden romper cuando ellos lo desean.
[1] G. BOIS, La Gran depresión medieval Sglos XIV y XV, Valencia 2001, pág. 141.
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Los literalistas 11.
1. Diciembre 2009 por admin.
Si seguimos de esta forma, y como vemos cuando hablamos de la manipulación de textos de contenido religioso, a la Iglesia católica no le duelen prendas de mentir, engañar y falsificar diferentes documentos al objeto de conseguir sus objetivos, concretamente al objeto de conseguir que toda la historia dirija a los hombres a la creencia de la existencia de un Dios encarnado que se transfiguró para convertirse en el salvador de un pecado original que era cargado sobre los hombros de cualquier ser humano recien nacido por el hecho de nacer, con independencia de su propia bondad o maldad.
Estamos ante la mentira más grande jamás contada, una mentira que se ha ido agrandando según se han ido uniendo personajes a la trama. Al principio se crea el pecado original para someter a la gente, luego los descendientes de los pecaminosos son pecadores no se sabe muy bien el motivo, y luego el pecado sigue campando por el mundo dado que los que representan la liberación califican todo de pecado. Formidable.
Resulta curioso el discurso propio de la Iglesia desde su nacimiento. Para ella la humanidad pecadora sólo cosecha lo que merece. El hombre es malo, el mundo es malo: éstas son las verdaderas razones de las desdichas. Así se estableció un proceso de culpabilización de los fieles que continuó hasta el fin de las guerras de religión. Las órdenes mendicantes, especialmente los dominicos, fueron los principales protagonistas de esta repesión espiritual centrada en la indispensable penitencia. Constituían un verdadero cuerpo de profesionales de la palabra. Su arma favorita, la predicación. Llamados por los curas, intervenían cada vez más a menudo en las iglesias parroquiales. Tambien solicitados y retribuidos por la autoridad urbana, emprendían giras de predicación extraordinarias, dando libre curso a su elocuencia inflamada. El otro insturmento es la introducción del sacramento de la penitencia. Uno nunca se culpabilizaría bastante para escapar del castigo de un Dios tan implacable. Los manuales de confesión, un género que invade la literatura clerical, apelan a un examen de conciencia siempre más riguroso, preciso en la identificación de los pecados cometidos, en delimitar las circunstancias que los han envuelto, en desbaratar las múltiples trampas del Maligno. Asimismo se generaba una clara dramatización de la muerte. Las famosas “danzas macábras”, pintadas en tantos muros en el momento más duro de la crisis (siempre a iniciativa de los mendicantes), participaban de esa pastoral de terror al mantener bajo la mirada de los fieles la imagen horrorosa de la muerte. El segundo gran tema concierne al pecado, o más bien a los pecados. Estos son analizados, clasificados, jerarquizados: el sistema de los siete pecados capitales ocupa entonces un lugar preferente en las mentalidades colectivas y se convierte en un tema iconográfico. Finalmente, están las sanciones sin las que esta ofensiva perdería su carácter operativo. Con el infierno en el centro, invadido por el fuego, tan insoportable corporal como físicamente. El mismo purgatorio es infernalizado[1].
Imaginemos a personas sin apenas cultura, que trabajan de sol a sol obteniendo apenas para comer, y presionadas por todas partes, por sus señores que les piden más dinero, por el Rey y sus impuestos, por la iglesia y la cantidad de pecados y de prohibiciones que iba añadiendo a la vida diaria. Lo raro es que no hubiera habido más suicidios en aquella época de horror. Ante tanta presión externa no había resistencia posible, sólo admitir la culpa de manera genérica y aceptar la penitencia y las obligaciones impuestas.
[1] G. BOIS, La Gran Depresión Medieval: Siglos XIV-XV, Valencia 2001, pág. 138 – 139.
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Los literalistas 10.
26. Noviembre 2009 por admin.
Tenemos una idea algo sentimental del autosacrificio, cuya calidad es muy estimada por el vulgo y es la esencia del cristianismo popular. Es el sacrificio del fuerte ante el débil. Esto atenta totalmente contra las leyes de la evolución. Cualquier nación que haga esto sistemáticarnente y en un grado lo suficientemente amplio, simplemente se destruye. El sacrificio es en vano: los débiles no han de salvarse. Téngase en cuenta la acción de Zanoni al caminar sobre el andamio para salvar a la estúpida de su esposa. El gesto era magnífico, era una prueba de su gran valentía y fuerza moral, pero si todos actuásemos según dicho principio la raza se deterioraría y desaparecería[1].
He aquí un conflicto entre la moralidad privada y pública. No deberíamos proteger a los débiles ni a los viciosos de las consecuencias de su inferioridad. Al hacerlo, perpetuamos los elemen- tos de disolución en nuestro cuerpo social. Mejor deberíamos ayudar a la naturaleza sometiendo a cada recién llegado a las más rigurosas pruebas para determinar su capacidad de intervenir en su entorno. La raza humana creció en estatura e inteligencia tanto cuanto la capacidad individual ganó en seguridad, de modo que los más fuertes e inteligentes fueron capaces de reproducirse en las mejores condiciones. Pero cuando la seguridad fue general, mediante el altruismo los más bajos fueron a menudo el linaje de los más fuertes[2].
La vida se convierte en una lotería en la que el hombre, por ser el mejor, no va a conseguir, ni por asomo, en ningún momento, algo importante para él o para su familia, porque lo que importa es que uno se entregue al sistema de equilibrio creado por las fuerzas morales y religiosas, fuerzas que acaban controlando todo, acaban entregando el poder a los débiles sobre los más fuertes y preparados.
De esta forma, la vida más bella sólo parece asequible en el más allá, sólo puede ser un desprendimiento de todo lo terrenal[3]. El placer era pecaminoso, como lo sigue siendo ahora, como lo seguirá siendo mientras la gente se someta a la constante sumisión cristiana, que le lleva a dejar de desear y de sentir lo que, en verdad, los perfectos hombres podemos y debemos sentir.
Desde otra perspectiva, los doctores de la Iglesia del siglo III tales como Clemente, Hipólito o Orígenes, se ocupan de forma fundamental de la rendición como victoria contra las potencias demoniacas que tienen cautivas a la humanidad. Se relaciona primeramente con la lucha contra el paganismo considerado como culto tributado a los demónios. Se enraíza luego en la liturgia bautismal considerada como ruptura con Satán, a modo de antítesis del pecado del primer Adán. Finalmente se concecta con ciertos motivos recurrentes del Nuevo Testamento. Así, por ejemplo, Clemente presenta la caída original a modo de una esclavitud por la que Adán, desde los orígenes, cayó bajo el poder del demonio. Inmediatamente después del a caída, el Verbo de Dios empieza a actuar con vistas a liberar al hombre cautivo[4].
Todo el esquema es perfecto desde el punto de vista de la lógica cristiana. El mal, que es independiente del demiurgo, acecha al hombre porque Adán tomó la fruta del bien y del mal. Esto es una metáfora extraordinaria. El conocimiento del hombre supondría de esta forma su comunión con el maligno, pues ese es el sentido del propio árbol del bien y del mal, la obtención del conocimiento del hombre, la consecución de la capacidad racional del hombre. Con ello el literalismo niega de forma absoluta la posibilidad del hombre de ser racional, dado que la racionalidad ha nacido de un pecado, del primer pecado. Como ustedes comprenderan esto no es sino una barbaridad, un rechazo a la propia naturaleza humana, y una construcción ficticia para impedir que el hombre piense y siga investigando, cultivándose.
Por eso Clemente[5] se atreve a decir:“El Señor nos rescata por su sangre preciosa, liberándonos de nuestros antiguos amos, los crueles pecados, por los que los espíritus de iniquidad reinaban sobre nosotros. Nos conduce a la libertad del Padre, a participar en su herencia como hijos y amigos”.
De la misma forma, Hipólito señala, en un pasaje sobre Juan el Bautista:“Ha sido en todo precursor y heraldo de Nuestro Salvador, anunciando a todos los hombres la luz del cielo venida a este mundo. Fue su precursor en el seno de su madre y saltó de alegría al ver al Verbo de Dios concebido en el seno de la Virgen Santa; después de esto, en el Jordán, señala al salvador de Israel y dice: Este es el cordero de Dios. Fue también él quien primero evangelizó a los que están en el Hades, después de muerto por Herodes, precursor también en esto, significando que el Salvador estaba a punto de llegar allí también, para liberar a las almas de los justos del poder de la muerte”.
[1] A. CROWLEY, “Las confesiones de Aleister Crowley”, en El Continente perdido y otros ensayos, Madrid 2001, pág. 121.
[2] A. CROWLEY, “Las confesiones de Aleister Crowley”, en El Continente perdido y otros ensayos, Madrid 2001, pág. 121.
[3] J. HUZINGA, El otoño de la Edad Media, Madrid 2001, pág. 50.
[4] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 181 – 182.
[5] CLEMENTE DE ALEJANDRÍA, Eclogae, 20.
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Los literalistas 9.
20. Noviembre 2009 por admin.
Una estrategia comúnmente empleada por los falsificadores del mundo antiguo consistía en afirmar que se había “encontrado” un viejo escrito que ahora reproducían y divulgaban por primera vez. Semejantes afirmaciones eran, por lo general, imposibles de confirmar y, por tanto, ésta era una forma bastante razonable de presentar el propio trabajo como obra de algún otro[1].
Cerinto, cuya escuela estaba emparentada con la de Satornilo, establece la distinción propia de la Gnosis entre Jesús y Christós. Jesús, decía, fue un hombre especialmente justo y sabio, al que se unió en su edad adulta Christós, una de las inteligencias del Dios extraño. Esta opinión no es una extravagancia, sino una original solución a las contradicciones de la cristología del siglo II, que comprendía la herejía de los docetas (que no creían en la persana humana de Jesús) y las tres doctrinas que dividían a la misma Iglesia, el adopcionismo (que veía en Jesús al hijo adoptivo de Dios), el modalismo (que se negaba a incluido en una Trinidad y lo tenía por un modo de aparición del Dios único) y la teología del Verbo encarnado. Ésta, sostenida por Tertuliano y Orígenes, prevaleció e hizo que se rechazasen como herejes a Teódoto el zurrador, que profesaba el adopcion.ismo, ya Sabelio que defendía el modalismo. Cristianos, gnósticos y herejes se parecen tanto ma para distinguirlos[2].
Los literalistas eran, además, esencialmente apocalípticos en todos sus pensamientos y en todas sus acciones, podemos encontrar miles de ejemplos, tal como veremos más tarde en nuestra recreación apocalíptica, pero es interesante ver como en el siglo XV el pesimismo cristiano llenaba los corazones de todos, DESCHAMPS[3] escribe:
“Ahora el mundo es cobarde, ruin y débil,
Viejo, codicioso y maldiciente;
Yo no veo más que locas y locos …
En verdad, el fin se acerca …
Todo va mal…”
Es, pues, el pensamiento de hombres que no son felices porque la religión no les deja serlo, porque se encuentran perseguidos por una idea de culpa que envuelve cada pedazo de su alma hasta llevarlos a la destrucción misma. Resulta, así, más facil controlar a las masas, destruyendo su sentido de la felicidad y entregándolos a la tragedia constante de una vida sin esperanza.
[1] . B. D. EHRMAN, Cristianos perdidos. Los credos prohibidos del Nuevo Testamento, Barcelona 2004, pág, 60.
[2] S. ALEXANDRIAN, Historia de la Filosofía oculta, Madrid 2003, pág. 61.
[3] Versos de EUSTACHE DESCHAMPS, Oeuvres complètes.
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Los literalistas 8.
17. Noviembre 2009 por admin.
Vamos, un grupo entrañable de hombres de fe deciden, teniendo en cuenta sus propios pensamientos sin contar con los demás, que las ideas mejores para determinar la fe en Cristo es excluir las ideas que, en muchos casos, coinciden de forma radical, de otros, simplemente por el hecho de añadir nuevas versiones o situaciones que engrandecen el mensaje.
Escapar, dejar de lado lo que podría haber sido una iglesia multidisciplinaria, que contara con el visto bueno de todos los pensadores del momento, era la única vía que tenían los recalcitrantes para imponer su poder de tal forma que excluyeran ideas que ellos consideraban pecaminosas, como la prédica de las mujeres, por ejemplo, que fue, poco a poco, eliminada y obviada.
Ehrman[1] ya ha señalado que:
“El partido victorioso reescribió la historia de la controversia para que pareciera que nunca había habido realmente conflicto y que sus propias opiniones habían sido siempre las de la mayoría de los cristianos en todo tiempo y lugar, remontándose a la época de Jesús y sus apóstoles, y que su punto de vista, de hecho, siem- pre había sido «ortodoxo» (es decir, «correcta opinión») y que sus adversarios en el conflicto, y sus escrituras, habían sido siempre pequeñas facciones disidentes dedicadas a engañar a la gente y conducirla a la «herejía» (lo que literalmente significa «elección», un hereje es aquel que voluntariamente elige no creer en lo correcto)”.
Lo que el cristianismo ganó al final de esos primeros conflictos fue un sentimiento de confianza en que era y siempre había sido «correcto». También ganó un credo, que todavía recitan los cristianos de nuestros días, en el cual se afirman las creencias correctas en oposición a las heréticas y equivocadas. En este sentido, también ganó una teología, incluida la idea de que Cristo es completamente divino y completamente humano al mismo tiempo, y una doctrina de la Trinidad, que sostiene que Dios es tres personas -Padre, Hijo y Espíritu Santo- distintas en número pero idénticas en sustancia. Además, ganó una jerarquía de líderes eclesiásticos que dirigirían la Iglesia y garantizarían su fidelidad a las creencias y practicas apropiadas. y ganó un canon de Sagradas Escrituras, el Nuevo Testamento, que incluía veintisiete libros que apoyaban la imagen de la Iglesia de esos líderes y su entendimiento de la doctrina, ética y culto cristianos[2].
[1] B. D. EHRMAN, Cristianos perdidos. Los credos proscritos del Nuevo Testamento, Barcelona 2004, pág. 22.
[2] Ibidem.
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Los literalistas 7.
11. Noviembre 2009 por admin.
En el literalismo, la encarnación se situa en el centro de la visión de la historia de la salvación, cuya culminación representa. La existencia real de un Jesús que es el hijo de Dios y se encarna en hombre para luego sacrificar su vida y resucitar al tercer día, la integración en la historia del hombre de dicho mito, es el centro mismo de la religión cristiana, lo que conlleva que, al final, el hombre debe aceptar cosas que no ve en base a una fe que ni siquiera conoce.
Cristo aparece como la culminación de todo cuanto le ha precedido y que él resume[1]: “La economía del Señor es cuádruple, y por ello fueron otorgadas cuatro alianzas a la raza humana: una antes del diluvio, bajo Adán; la segunda después del diluvio bajo Noé; la tercera es la Ley bajo Moisés; la cuarta renueva al hombre y recapitula todo en sí misma: es el Evangelio”[2].
Se construye la idea de que la historia está predeterminada por Dios, que ha establecido un guión del que el hombre parece no poder salir. En ese guión el personaje supuestamente histórico de Jesús es el que culmina la evolución de la creación, llenando los vacíos que había desde el origen de la historia, y creando una nueva doctrina que arrastra a muchos hombres.
No es, por tanto, valadí, enfrentarse a esta realidad, responder lo que nos han metido con clazador en nuestra mente, desde la infancia. Desde que nacemos la Iglesia nos “enseña” la supuesta realidad que debemos creer, y nos facilitan todo de tal forma que ya no podemos pensar por nosotros mismos, “somos pensados” por otros, por los que controlan nuestra propia vida.
Justino distingue en la Ley ante todo las prescripciones de la moral natural, que son inmutables, y luego, las prescripciones legales (Dial., xliv,2; lxvii,10). Estas no son nesarias. Justino aduce para probarlo numerosas razones. Incluso valo
Se ampara el cambio de Ley en la intransigencia de la anterior, y en la incapacidad de los judíos deentender la Ley espiritual. Lo que se busca es confundir a los pobres lectores que intenten comprender tal argumento, pues el fin último de toda esta historia es introducir dudas respecto de las leyes anteriores, con el fin de poder establecer las propias leyes, más adaptables a los deseos de la jerarquía, que puede mover así a los cristianos a su voluntad sin crear dudas.
De entre el gran número de escrituras cristianas que exixsten, los literalistas escogieron cuatro evangelios para formar el canon del Nuevo Testamento. Estos evangelios fueron declarados los únicos auténticos y todas las demás escrituras cristianas fueron denunciadas como heréticas[4].
[1] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 174.
[2] IRENEO, Adversus Haereses, iii,11,8.
[3] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 198 – 199.
[4] T. FREKE y P. GANDY, Jesús y
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Los literalistas 6.
5. Noviembre 2009 por admin.
Una de las preguntas recurrentes sobre
En el ambiente literalista imperante, la obra de Cristo al venir a la tierra consiste principalmente en liberar a la humanidad de la tiranía que el demonio le hacía sufrir desde Adan[2], que se expresaba principalmente a través de la idolatría. Es esencialmente la pasión de Cristo la que destruye la potencia del demonio. Es éste un tema fundamental enJustino: «El Padre de Cristo le otorgó un poder tal que los demonios quedan sometidos a su nombre y a la economía de su pasión»[3],[4].
Al aceptar el cristianismo como una realidad, también es necesario que asumamos que, para que «su» importante mensaje surtiera efecto, «Dios» vino a la tierra en un área remota del mundo antiguo y habló el muy oscuro idioma arameo, en vez del griego o latín, más utilizados universalmente. También debemos estar preparados para creer que ahora hay un hombre invisible de una etnia particular flotando omnipresente en el cielo. Además, se nos pide que ridiculicemos y despreciemos como ficciones las leyendas e historias casi idénticas de muchas otras culturas, mientras recibimos alegremente la fábula cristiana como un hecho[5].
Todo es cuestión de fe. Para Jung, se está de acuerdo, en general, en que la fe incluye un sacrificium intellectus (sacrificio del intelecto), siempre, claro está, que exista un intelecto que sacrificar[6].
Se plantea que Cristo nació por voluntad de Dios Padre para la salvación de los creyentes y la ruina de los demonIos. Hay en todo el mundo y en vuestra demonio en el nombre de Jesucristo crucificado bajo Poncio Pilato, hemos curado y seguimos curando todavía hoya muchos, expulsando a los demonios de los hombres a los que poseen[7].
De esta forma, de forma incoherente, el hombre debe soportar la elección de unos pocos sobre su futuro, sin poder elegir la idolatría como sistema, idolatría que no es tal, sino creencia en algo diferente, porque el concepto de idolatría pretende determinar que el hombre que cree en lo diferente sabe que está equivocado, cuando la verdad es muy distinta, el hombre que cree diferente puede o no puede estar equivocado, pero ese no es el problema del cristiano, es el problema del hombre libre.
Se pretende imponer una religión a base de golpes, a base de limitaciones innecesarias y abusivas, y, además, se convierte a todo el que piensa diferente en materia religiosa e, incluso, política, en un idólatra que debe ser convertido o, necesariamente, destruido.
[1] J. ARIAS,
[2] JUSTINO, Diálogo, xlv.4.
[3] JUSTINO, Diálogo, xxx.3.
[4] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 164.
[5] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 47.
[6] S. A. HOELLER, Jung y los evangelios perdidos, Barcelona 2005, pág. 26.
[7] JUSTINO, II Apología,vi.5.
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Los literalistas 5.
29. Octubre 2009 por admin.
La rama judío-esenia dio paso al gnóstico cristiano, cuya progenie espiritual fueron los místicos cristianos monásticos que hubo en el seno de la Iglesia, así como los alquimistas, los magos ceremoniales, los cátaros, los rosacruces, los cabalistas y, ya en los tiempos modernos, los teosofistas y otros movimientos relacionados de espiritualidad alternativa. La corriente alternativa nunca dejó de existir, pero sus manifestaciones externas fueron espasmódicas y jamás tuvieron fuerza suficiente para desafiar seriamente las ortodoxias de la corriente principal (autodeclaradas como tales)[1].
Como dice Wheless, cuando los cristianos eran débiles y no tenían poder y estaban sometidos a persecuciones ocasionales como «enemigos de la especia humana», eran clamorosos e insistentes abogados de la libertad de conciencia y de culto para adorar al dios que uno eligiera; las «Apologías» cristianas a los emperadores abundan en elocuentes argumentaciones a favor de la tolerancia religiosa; y ésta les fue garantizada, a ellos ya todos, por el edicto de Milán y otros decretos imperiales. Pero cuando, por el favor de Constantino, entraron en las posiciones de mando del Estado, tomaron de una vez por todas la espada y empezaron a asesinar y robar a todos los que no querían creer lo que los sacerdotes católicos les ordenaban creer[2].
En un momento dado, a alguien se le ocurre una idea genial. ¿Por qué no personificamos la idea y creamos al hijo del Creador? Obviamente dicha solución es mucho más sencilla de explicar a los demás, siendo una forma de acercar Dios a los hombres, que, en algunos casos, no se identificaban adecuadamente con la historia que se les quería explicar, por lo que cualquier insturmento de comprensión era bueno.
Justino, forzado a presentar el acontecimiento de Cristo a la vez ante el mundo pagano y ante el mundo judío, demuestra que no es extraño ni al uno ni al otro, sino que representa el momento decisivo de un designio de Dios que abarca la totalidad de la historia. Nunca ha existido sino una sola verdad que tiene su mente en el Verbo de Dios. Pero esta verdad se despliega conforme a un orden determinado. Nunca fue conocida sino parcialmente por griegos y judios hasta manifestarse plenamente en Cristo. La Iglesia la difunde por todo el mundo, hasta que tenga cumplimiento con la parusía[3].
[1] . S. A. HOELLER, Jung y los evangelios perdidos, Barcelona 2005, pág. 24.
[2] ACHARYA S., La conspiración de Cristo, Madrid 2005, pág. 32.
[3] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 157 – 158.
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Los literalistas 4.
26. Octubre 2009 por admin.
En un principio, y tal como señala E. LEVI[1], la caridad es el resumen y el objetivo del cristianismo, según señala el propio apostor San Juan.
Otra de las figuras importantes del naciente cristianismo fue sin duda alguna la de Clemente de Alejandría. Nacido en el seno de una familia pagana, dicha influencia no fue borrada del todo por su encuentro con el cristianismo; bien al contrario, sacó de ella todo lo que había de positivo, yeso se refleja en la trascendencia de su obra, que en gran medida es debido a lo mucho que contribuyó a que la filosofía fuese aceptada por la Iglesia. Platón, según él, se encontraba en el buen camino para encontrar a Dios. Éste fue el tema central de su primer escrito, el Protréptico, o «exhortación», una invitación a la conversión. Contrariamente a Ireneo, que adoptó una postura negativa con todo el paganismo y en especial con el gnosticismo, Clemente hace notar el valor de la filosofía pagana para el cristiano, pues aunque la filosofía no podrá remplazar, según él, a la Revelación, en cambio ha preparado al hombre para la venida de Cristo, de modo similar a como el Antiguo Testamento preparó a los judíos. Rechazando la falsa gnosis, sostiene que el cristiano es el verdadero gnóstico, es decir, el auténtico sabio. Resulta curioso comprobar cómo en dicha obra evoca el famoso episodio de Ulises (de la Odisea de Hornero) y su encuentro con las sirenas. Para Clemente, éstas representan las malas acciones cotidianas y una llamada a los placeres terrenales, mientras que el héroe, atándose a un mástil y tapándose las orejas, resulta un símil o símbolo del cristiano que triunfa abrazándose a la madera de la Cruz[2].
Para Clemente de Alejandría[3], los Testamentos son dos en cuanto al número y de fecha, habiendo sido dados conforme a un sabio ordenamiento según el crecimiento y el progreso de la humanidad, y sin embargo son uno solo por su virtud, el antiguo y el nuevo, llegados por mediación del Hijo de Dios único[4].
Pero esa idea es contradictoria con todo su planteamiento, primero porque si el Hijo de Dios hubiera establecido el Antiguo Testamento, estaríamos ante el propio Demiurgo, la primera creación de Dios, y no del Ungido; o, en otro caso, las contradicciones de ambos textos exigiría que el Hijo de Dios rompiera, como hizo, con el texto original en muchos casos, puesto que, además de ser simples alegorías, no alcanzaban la alianza posterior pretendida por el cristianismo y el propio gnosticismo.
La realidad que nos debemos plantear es que el mayor número de errores en las aplicaciones debe suponer, al menos, confusión en la interpretación y transmisión del mensaje, so pena de considerar, en todo caso, que el error no es error porque la idea que estamos defendiendo es la idea que pretendemos imponer a los demás como sistema de control del pueblo.
Esta actitud es negar la racionalidad y el camino de la filosofía occidental, que pretendía explicar ciertos supuestos de hecho concretos constatados de forma natural, y que tienen una supuesta explicación real, que se puede conseguir a través del propio conocimiento humano, sin intervención posterior.
[1] E. LEVI, El mago, Barcelona 2005, pág. 31.
[2] X MUSQUERA, El triunfo del paganismo, Madrid 2007, pág. 45.
[3] C. DE ALEJANDRÍA, Los Stromata, ii,6,29,2.
[4] J. DANIÉLEU, Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglo II y III, pág. 231.
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Los literalistas 3.
21. Octubre 2009 por admin.
La nueva Iglesia se transformó rápidamente en una institución con una fuerte estructura jerárquica y burocrática, con aspiraciones mundiales, con una ideología marcadamente conservadora del orden social y con una notoria ambigüedad, en base a la cual construye su poder. Comienza a desarrollarse la teología, que recurre enseguida a una fórmula que le ha dado excelentes resultados: redactar sus escritos de forma enigmática y ambigua, dejando todo sin resolver, lo que permite dar interpretaciones para todos los gustos y para todas las circunstancias. La Iglesia oficial sostiene que Jesús resucitó como un ser humano físico y no como una figura fantasmal irreconocible, lo que contradice a los evangelios donde se dice que ninguno de los discípulos, ni siquiera María Magdalena, le reconoce, porque “tenía otra figura”. Para la Iglesia el dios-hombre había muerto y resucitado una sola vez, por lo tanto sólo se vive una vez, el premio o castigo serán eternos y, al fin de los tiempos, los hombres también resucitarán. Hemos visto que el ansiado Mesías no llegaba, por lo que la ida se transforma en la de un Dios que sufre por los hombres y ofrece su vida para redimirles, aunque lógicamente se le hace resucitar, pues resulta demasiado fuerte que un Dios pueda morir. No se han parado a pensar que un Dios no puede sufrir ni morir, ya que admitirlo es reconocer que hay algo superior a ese Dios que le hace sufrir y morir. Por otra parte, está demostrado que nunca existió una primera pareja, luego tampoco pudo existir un “pecado original”, por consiguiente la misión redentora de Jesús no tuvo razón de ser[1].
Cada vez se hacía sentir más la necesidad de una doctrina que sostuviese la inmortalidad del individuo, no como una sombra sin cuerpo, sino como un espíritu gozoso. Pronto no se buscó la felicidad en los goces de esta vida, ni aun en la virtud terrenal, sino en el logro de una situación mejor, para la cual esta vida era meramente una preparación. Este concepto encontró un apoyo poderoso en la doctrina de Platón, y ésa fue también la dirección que tomó la escuela estoica[2].
[1] F. DE ORBANEJA, Historia impía de las religiones, Madrid 2003, pág. 210.
[2] K. KAUTSKY, El cristianismo. Sus orígenes y fundamentos, Barcelona 2006, pág. 115.
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